- Obesidad y Salud ***

 

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lunes, agosto 28, 2006

¿Obesos por células extraviadas?

Un grupo de científicos cree haber dado con un factor que explica el origen de la obesidad.

Según ellos, cada célula del cuerpo tiene un sentido de ubicación y una pérdida de este sentido puede llevar a que una persona se convierta en obesa.

Estos son los resultados preliminares de un equipo internacional de científicos, dirigidos por el Instituto de Salud Infantil del University College en Londres.

El foco de la investigación es la obesidad infantil asociada al llamado Síndrome Bardet-Biedl, o BBS, pero ellos creen que sus resultados pueden servir de base para entender mejor la patología de la obesidad.

Según aparece en la publicación Nature Genetics, los científicos creen que parte del problema tiene que ver con errores de transmisión en las células que habitan la parte del cerebro que controla el apetito.

Comunicación fallida

Al producirse esta falla en la comunicación de sus coordenadas, la célula pierde su sentido de ubicación normal y migra o se desplaza hacia donde no debe.

Al investigar el caso en un ratón con BBS, hallaron problemas en una especie de filamentos que se proyectan sobre las células, que en inglés se llaman cilia.

Estos filamentos son los que le comunican a cada célula en qué parte del cuerpo se encuentra ubicada.

Sin esta función, la célula se desorienta.

El doctor Bradley Yoda, de la Universidad de Alabama-Birmingham, en Estados Unidos, señaló que esta función "tiene un gran impacto en cómo se ubican las células, cómo se desplazan en un embrión y, en consecuencia, cómo se organiza el cuerpo entero".

Además de la obesidad, los niños que nacen con el síndrome BBS llegan a perder la vista y suelen sufrir de complicaciones renales.

http://news8.thdo.bbc.co.uk/




Saludos afectuosos

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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miércoles, agosto 23, 2006

La obesidad acrecienta el riesgo de sufrir demencia y Alzheimer

Los obesos tienen un mayor riesgo de sufrir de la enfermedad de Alzheimer y de desarrollar demencia en la tercera edad. Además tienen acrecentado el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y colesterol en exceso.

El Instituto Karolinska de Estocolmo, en Suecia, publicó en la edición digital de Archives of Neurology que un estudio demostró la relación entre el peso y las enfermedades demenciales.

Para llegar a esta conclusión estudiaron a participantes sobre factores de riesgo cardiovascular, envejecimiento y demencia. Así se comprobó que la masa corporal (IMC) tiene influencia en la enfermedad de Alzheimer, informó el diario Granada Digital.

El estudio retomó contacto con un grupo de personas que habían participado en estudios en 1972, 1977, 1982 o 1987. Luego de un seguimiento de 21 años, 1.448 individuos de entre 60 y 79 años volvieron a ser examinados.

Se descubrió que de 61 participantes padecían de demencia y 48 fueron diagnosticados con la enfermedad de Alzheimer.

La obesidad, la presión sanguínea diastólica elevada y los niveles altos de colesterol fueron los factores de riesgo que los llevaron a padecer estas enfermedades en los años posteriores.

http://www.infobae.com/notas/nota.php



Saludos afectuosos

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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domingo, agosto 20, 2006

La rapidez en las dietas de adelgazamiento siempre se paga

A sus 34 años, Montserrat Pañeda es la especialista en dietética y nutrición cuyos éxitos profesionales corren de boca en boca por toda la ciudad. Es la chica que está poniendo fino a Gijón, eliminando los excedentes adiposos valiéndose de un sistema tan racional como efectivo. De principio, enseña a su clientela a comer, y sus lecciones han de ser definitivas. Luego, cada uno procederá en su vida como quiera -fumando, bebiendo, sobrealimentándose...-, pero a sabiendas de que la esbeltez, como la buena salud en general, hay que ganársela con las cuatro verdades que dicta la ciencia, cada una de ellas de sentido común. Esta doctora añade a su sabiduría unas extraordinarias dotes de psicóloga; escucha a sus pacientes, indaga en sus hábitos y gustos, levanta la mano con la precisión de quien acaba de conceder un regalo, e insiste en la razón como inductora de la voluntad. Sus fórmulas, las mismas de los grandes especialistas de la historia de la nutrición, son casi de Perogrullo, «comemos demasiado», «no hay alimentos adelgazantes», «no existen las dietas milagrosas»..., pero sus aplicados no sufren, sino que comen bien, variado y rico.
Montserrat Pañeda Valle nació en Gijón, 1971, aunque buena parte de su infancia y juventud trascurrió en Navia, ya que su padre era directivo de CEASA. Hizo sus primeros estudios en el Colegio de las Dominicas y el Instituto de Navia, y al terminar éstos se planteó la posibilidad de cursar Derecho en la Universidad de Oviedo, aunque acabaría desistiendo debido a la circunstancial masificación de estas aulas. Mayor de tres hermanas, los caminos de todas se han orientado por la salud aunque en diferentes especialidades; Yoli, que comparte con ella la clínica en la plaza del Parchís, es odontóloga, y Begoña, la menor, logopeda. En la actualidad, está casada con el economista mierense Miguel Sarasúa y ambos esperan un hijo para el próximo otoño.
-Bien, entre derecho y dietética no veo nexos...

-No, fue algo casual. Un día tuve noticias de que en la Universidad de Navarra acababan de crear esta diplomatura; era la primera que existía en España, y también la primera promoción. Me gustó la idea. No es que viera grandes obesos a mi alrededor, pero en casa siempre se había regulado la alimentación de un modo sencillo. Recuerdo que para nosotras, las hermanas, un bocadillo de Nocilla era casi una fiesta, y mi madre se cuidaba. Me fui a Pamplona y, pese a que había hecho Bachillerato de letras, con las buenas notas de COU me admitieron. Estuve muy bien en Pamplona.
-Con San Fermín...

-Nunca pude vivir esas fiestas. Los veranos, los meses de junio y julio, los destinábamos a hacer prácticas, y a mí me correspondió efectuarlas en Bilbao y en Gijón. Terminé en 1992, y en 1993 abrí la consulta, primero en la calle Corrida, y al licenciarse mi hermana Yoli decidimos instalarnos juntas en un piso más grande, así que estamos aquí desde 1998. Soy tímida, hubiera preferido trabajar por cuenta ajena, en un hospital, por ejemplo, pero en casa me animaron a independizarme, considerando que en aquellos momentos había muy poca competencia es esta especialidad.
-¿La endocrinología no contempla algo parecido?
-No, su actividad se dirige más a curar ciertas enfermedades. Yo no doy medicamentos. En los hospitales se establece una colaboración mutua; los dietistas trabajan de un modo complementario con el endocrino, es decir, una vez diagnosticada la enfermedad, ellos administran el régimen del paciente. Ese sistema se mantiene aquí porque los endocrinos me envían sus enfermos y del mismo modo, yo, cuando observo una patología asociada, remito el caso a la consulta de aquéllos. De hecho, también recibo muchos pacientes por indicación de los médicos de cabecera, de los fisioterapeutas, de los traumatólogos... Y al revés, cuando la ansiedad incita a comer en exceso, en muchos casos he de apoyarme en el psicólogo o el psiquiatra.
-Bien, colocó usted una placa en la puerta y puso un anuncio en el periódico, ¿recuerda la primera llamada?

-Perfectamente. Era una chica de unos 36 o 37 años. Ella hablaba y hablaba de los miles de dietas que había seguido, y yo, mientras tanto, aterrorizada, aunque no lo reflejé. Sé que escuchar es importantísimo. Sí, conseguí dejarla delgada, y volvió varias veces para seguir el mantenimiento; esto parece algo innecesario, pero el hecho de tener que rendirle cuentas a alguien es importante.
-Trece años después ha logrado un éxito pleno...

-Si miro hacia atrás me parece increíble. Damos citas con un mes de retraso, pese a trabajar todas las horas del mundo, incluso muchos sábados. En el año 97 abrí una consulta en Navia a la que dedico un día a la semana, con una media de 35 clientes.
-¿Quién es su cliente tipo?

-Una mujer entre 30 y 40 años a la que le sobran 10 o 15 kilos. La clientela masculina va en aumento, y la de niños y adolescentes, también. Los hombres cada vez se cuidan más; antes lo hacían por motivos de enfermedad, pero ahora buscan estética y argumentan motivos muy parecidos a las mujeres.
-¿Por dónde empieza una consulta?

-Si el motivo es el deseo de adelgazar, hago muchas preguntas; qué clase de vida lleva el paciente, si suele sufrir estreñimiento, cuáles son sus gustos, qué hábitos tiene en el fin de semana... La palabra total lo estropea todo. Total por una cerveza, total por un pincho, total por un bombón...
-Existe la creencia de que hay personas imposibles de adelgazar, ¿es cierto?

-No, siempre se esconde algo. Hemos de considerar lo que cuentan, y también lo que no cuentan.
-¿Hay más obesidad?

-Hoy se trata como una enfermedad, y sí, ha crecido porque también lo ha hecho la oferta alimenticia y el sedentarismo. Nosotros, de niños jugábamos en la calle y ahora, entre la Playstation, la televisión y el ordenador, un niño apenas se mueve. Y toda la oferta golosa se limitaba a un «tigretón» o una «pantera rosa», y hoy... Se necesita hacer un máster para escoger un yogur, cuando antes había sólo uno. Si comemos más y nos movemos menos... Está bien meter mucho capital en el banco, pero en el cuerpo, no.
-De otro modo, los prototipos de belleza se han reducido, ¿influyen?

-Muchísimo. Parece que hay un acuerdo referente a aumentar una talla en las pasarelas, al menos en Cibeles; era una pena ver aquellas chicas. Es necesario dar otra imagen, porque ésa no es la realidad de la calle, y tampoco es sano.
-¿Se enfrenta a fracasos?

-Mientras no haya en el mercado una pastilla que refuerce la voluntad... He tropezado con muchos reincidentes, y algunos imposibles. Cuando se necesita perder 40 kilos hay que plantearse otras opciones.
-Habla usted de hábitos alimenticios, ¿qué se suele hacer mal?

-No desayunar, por ejemplo, es fatal. Picar, un desastre. Esa costumbre de comer al mediodía algo rápido, y por la noche ponerse morado es lo peor. Hay que hacer cuatro o cinco comidas; si se ha desayunado a las 7 de la madrugada, se necesita ingerir algo a media mañana. La lección es muy simple: desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo. Esto no es nuevo, es de siempre. Y poco plato y mucho zapato, también.
-Se habla del ideal de la dieta mediterránea, ¿es que ha perdido fuerza?

-No, pero lo que no es bueno de ella es el horario. En el resto de Europa no disponen de una dieta tan buena, porque en general exceden en grasas, en hidratos de carbono, en dulces... Tampoco tienen las excelencias del aceite de oliva, pero su horario es más saludable. La dieta mediterránea propicia una incidencia menor de las enfermedades cardiovasculares, pero tampoco es perfecta. En Asia, por ejemplo, en general se sufre menos cáncer, sobre todo en la mujer. ¿Qué se vio en los estudios pertinentes? Mucho consumo de soja, y poca proteína animal, y escasos lácteos. La dieta mejor sería aquella elaborada con lo más conveniente de cada sistema.
-¿Cuando dice mejor se refiere a la línea o a la salud?

-La salud es lo primero. Los orientales comen poco; aquí, desmesuradamente. Es importantísima la variedad, incluso para adelgazar. La monotonía siempre lleva al fracaso. Un filete a la plancha con ensalada acaba con la moral de cualquiera, y si hay poca fuerza de voluntad...
-Veamos un desayuno perfecto para ambos propósitos.

-La idea general sería tomar una fruta o un zumo, además de un lácteo, bien leche, queso fresco o yogur, y un energético, a base de cereales, biscotes, galletas... En poca cantidad, pero nunca suprimiendo nada.
-¿Al mediodía?
-Es importante que el hidrato de carbono esté siempre presente, en forma de arroz, pasta, patata cocida, legumbres... Es lo que nos dará energía. Y luego la proteína, una carne o un pescado. Siempre en plato pequeño, acompañándose de un poco de pan. De postre una fruta o un yogur. Ésta es una idea estupenda y adelgazante. Yo no soy partidaria de las dietas disociadas. La merienda, imprescindible, ha de parecerse al desayuno, pero algo más ligera. Y para cenar, una verdura, un puré, una ensalada, con huevos en revuelto o en tortilla, o un poco de jamón de york. De postre lo contrario del mediodía. Es una alimentación equilibrada y ayuda a perder peso. Debemos pensar que nada engorda ni nada adelgaza, todo depende de las cantidades. No existen alimentos con propiedades adelgazantes.
-Pero sí los hay que son verdaderos tabúes.

-El alcohol, el dulce, las salsas, las grasas saturadas, aunque tampoco hay que eliminarlas por completo. Al final, las obsesiones son peligrosas; el no puedo, el prohibido, acaban conduciendo al atracón.
-¿Quiénes han sido sus maestros?

-Grande Cobián, Mataix, Gregorio Varela... Todos ellos han escrito libros muy asequibles. Como ellos pienso que no hay dietas milagro, y «lo que no engorda es lo que queda en el plato»; era una de las máximas de Grande Cobián.
-¿Se han hecho disparates respecto a las magias adelgazantes?

-Totales. Pastillas que generaron trastornos de tiroides, dietas cuyo efecto desembocó en ansiedad, bulimia o un modo compulsivo de comer. La rapidez siempre se paga. Es imprescindible ponerse en manos de un especialista, y desoír las leyendas populares. Soy partidaria de elaborar menús concretos, así el paciente puede comer de todo de acuerdo con la oferta del mercado. Y la actividad física no puede faltar, ejerciéndola en algo que nos guste, pero relaja y consume energías.
-¿Hay una relación indirecta entre edad y comida?

-Sí, a más años, menor consumo. Lo importante, siempre que no haya enfermedades, es mantener un horario, no saltarse nunca una comida, no picar entre horas, y, por supuesto, olvidarnos de rociarlo todo con mayonesa o kepchup. En este sentido he enseñado a muchas madres cómo deben comer sus hijos.



Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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jueves, agosto 17, 2006

Riesgos para la tensión y los que sufren de tiroides

«Un 90% de la gente que compra productos adelgazantes lo hace sin consultar a su médico», declara uno de los farmacéuticos.

A pesar de que las farmacias pueden vender productos naturales cuando los clientes acuden sin receta médica, existen casos en los que las personas con problemas de salud deben ir con cuidado a la hora de tomar este tipo de productos: «Los sujetos que padecen de tiroides tienen que ir con precaución con el fucus y los que tienen la tensión alta deben tener cuidado con la cafeína y el té verde». Las personas que sufren algún problema de salud deberán consultarlo con su médico previamente, pero el resto de los clientes «podrán mezclar incluso diferentes tipos de productos naturales sin ningún problema».

De todas formas, los especialistas aconsejan seguir una dieta saludable y acompañarla de deporte en todos los casos, porque aunque estos productos funcionan sus efectos sólo resultan perceptibles cuando se acompañan con alguna de estas prácticas.



Enviado por Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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domingo, agosto 13, 2006

El IMC no es indicativo de riesgo de mortalidad en mayores de 75 años

El índice de masa corporal elevado no es indicativo de riesgo de mortalidad en mayores de 75 años

Los autores de un estudio afirman que los hombres ancianos con un IMC menor que 18,5 son los que mayor riesgo de mortalidad presentan.


Londres (Reino Unido), 13 agosto 2006 (mpg/azprensa.com)

Una mayor proporción entre cintura y cadera en personas mayores indica un mayor riesgo de mortalidad que aquellos que poseen un índice de masa corporal (IMC) elevado. Así concluye un estudio de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, que apunta a que las actuales guías médicas sobreponderan el sobrepeso en mayores de 75 años, sin tener en cuenta las posibles repercusiones de un IMC reducido.

Publicadas en la revista American Journal of Clinical Nutrition, las conclusiones de esta investigación han partido del estudio a 14.833 pacientes mayores de 75 años y procedentes de 53 consultas de Medicina Familiar de Reino Unido. Se registraron sus medidas corporales y se les efectuó un chequeo médico y seguimiento hasta su fallecimiento.

Los datos pusieron de relieve que las actuales categorías de riesgo basadas en el índice de masa corporal que establecen las guías médicas sobrevaloran los riesgos del exceso de peso en las personas ancianas, y no se adecuan a los hombres y mujeres de más edad.

Así, según las conclusiones extraídas, las personas que poseen un IMC menor a 23 en hombres, y a 22,3 en mujeres poseen el mayor riesgo de mortalidad de todo tipo. Los hombres con un IMC muy bajo, inferior a 18,5, eran los que se encontraban bajo el mayor riesgo.

Los investigadores explicaron que la ausencia de una asociación positiva entre IMC y mortalidad entre las personas mayores se debe a que en este grupo de edad, este índice es una medida deficiente de la grasa corporal; y dijeron que la medida del peso no diferencia entre la grasa y la masa libre de grasa, y esta última disminuye con el envejecimiento.

http://www.azprensa.com

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lunes, agosto 07, 2006

¿Sigues engordando? Cuidado con estrés

Sabías que el estrés puede causar sobrepeso, esto porque durante la tensión nerviosa el cuerpo libera una hormona llamada hidrocortisona.

Es desconcertante: a pesar de que no para de moverse, vive en un continuo ajetreo y no ha probado una verdadera comida en meses, gana peso como si se atiborrara de platos y no moviera un músculo. La tensión nerviosa crónica le hace engordar aunque no coma en exceso ni deje de ejercitarse. La presión constante se nota en la balanza: desactívela.

Cuando se atraviesan épocas de estrés, el cuerpo libera una hormona denominada hidrocortisona, que favorece que la grasa corporal se acumule en la zona central de la anatomía.

Así lo sugiere un estudio publicado en la revista “Medicina Psicosomática”, en el cual se explica que las mujeres con grasa abdominal se sienten más amenazadas por las tareas estresantes, las desempeñan peor y segregan sistemáticamente más hidrocortisona, en comparación con otras que no tienen acumulaciones de grasa en esa zona del cuerpo.

Las mujeres con grasa abdominal también se describen a sí mismas con "más estados de ánimo negativos y niveles más elevados de estrés vital", ha señalado la psicóloga Elissa S. Epel, que ha dirigido el estudio de la Universidad Yale, en EU.

Según la experta, “una mayor exposición al estrés vital o una vulnerabilidad psicológica al estrés puede explicar el aumento de reactividad de la hidrocortisona. A su vez, la exposición a la hidrocortisona puede llevar a acumular más grasa abdominal".

La hidrocortisona no es la única hormona relacionada con el estrés crónico y el sobrepeso. También repercuten en la balanza el cortisol, la adrenalina y la norepinefrina: tres hormonas que se liberan en el organismo para estimularlo y prepararlo física y mentalmente para el esfuerzo adicional de luchar o huir ante una amenaza, un conflicto, una pérdida u otras situaciones de estrés.


Las hormonas regordetas

Estos compuestos nos estimulan a través de distintos mecanismos a entrar en acción, al movilizar desde las reservas corporales, las grasas y la glucosa que necesitamos para obtener energía, aumentar el bombeo cardíaco, activar las células musculares y enviar más sangre al cerebro, corazón y músculos.

Son las hormonas que necesitamos para disponer de una energía extra y afrontar una situación de emergencia, como la muerte de un ser querido, un robo, un accidente o una fuerte discusión laboral. Sin ellas no tendríamos capacidad de reacción ni fuerzas para responder a los retos de la existencia.

Pero si el cortisol, la adrenalina y la norepinefrina están presentes de continuo en el organismo porque la tensión nerviosa es crónica, prolongándose durante días, semanas o incluso meses o de por vida, o su nivel se mantiene alto durante mucho tiempo, pueden hacer estragos en la salud, el bienestar y la silueta.

Según los expertos, el estrés engorda porque induce a las glándulas suprarrenales a secretar más cortisol, para que el cuerpo se prepare para una emergencia, lo cual incluye almacenar grasas en el peor lugar posible: el vientre.

Además, después de haber movilizado las reservas de energía – las grasas y el azúcar sanguíneo- aumenta el apetito para obtener más combustible para los músculos, lo más rápidamente posible, y hace que el cuerpo produzca más insulina, la cual induce una mayor acumulación de grasa y vuelve al organismo más sensible a la lipasa: una enzima que ayuda a producir más grasas.

Asimismo, la tensión nerviosa impulsa a comer y ansiar más grasas, y a ingerir cualquier cosa que se tenga a mano, además de estimular los comportamientos orales, como fumar, morderse las uñas, comer bizcochos de chocolate o beber alcohol.

Un consejo dietético para las épocas estresantes consiste en
ingerir más naranjas y otras frutas y verduras ricas en vitamina C, como las fresas, el kiwi, las coles, el melón o el pomelo, ya que la tensión nerviosa reduce los niveles de este antioxidante que previene la baja inmunológica y el envejecimiento de las células.


Bajar la tensión, para peder kilos

Ingerir alimentos saludables y escoger tentempiés equilibrados no sólo beneficia la salud, sino también la psique, porque saber que se sigue una dieta correcta y se satisfacen las necesidades nutritivas, refuerza la sensación de control, lo cual le hará sentirse menos amenazada en las situaciones estresantes.

Además, es aconsejable tomar un desayuno que suministre la energía y calorías suficientes para resistir hasta el almuerzo, y esperar en vez de darse un atracón al dispararse los nervios: ¿Desea una buena dosis de dulce cuando se aproxima el plazo de entrega de un trabajo? Espere 10 minutos, tome un té sin cafeína, haga una pausa o distráigase, la necesidad de comer pasará.

Para el psicopedagogo Bernabé Tierno, "el estrés es una respuesta de ansiedad cuando tenemos que hacer frente a unas demandas del medio que nos resultan excesivas y no creemos poder superar con nuestras capacidades".

"Para resolver problemas se necesita una sencilla planificación en la que es esencial reflexionar sobre la dificultad y analizar las demandas y nuestra capacidad: aunque no hace falta planificarlo todo ni escribirlo, es necesario diseñar un plan de acción, para acercarte a la solución que deseas", señala el experto.

Para Bernabé Tierno, "saber relacionarse con los demás y comunicarse de forma adecuada es otra herramienta esencial anti-estrés: en la mayoría de nuestras preocupaciones hay implicadas, directa o indirectamente, otras personas; acercarnos a ellas nos permitirá resolver muchas de las dificultades que nos estresan".

“La mujer es más propensa al estrés porque suele estar desbordada por la acumulación de tareas en su casa, familia y trabajo: debe reemplazar la idea de hacerlo todo y mejor que nadie, por la de delegar, compartir y vivir el presente sin cargarse de cosas. Hay que aprender a priorizar ciertas cosas, a distinguir entre lo que es importante para ti y lo que no".

El psicólogo aconseja ser un poco flexible: “está claro que no pueden cambiar algunos horarios, pero a lo mejor uno se pone demasiadas exigencias; hay tiempo para todo si parte de una buena organización y cuentas con los demás".

"Aceptar los pequeños e imprevisibles sucesos diarios con calma y no darle más importancia de la que tienen a algunos sucesos, también ayuda a ahuyentar el estrés, y de paso, el sobrepeso”.

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Siete señales de que tu dieta está en peligro

Claudia M. González, MS, RD, LD/N*

A diario nos vemos bombardeados con propuestas y promesas de resultados inmediatos para perder peso, que no nos hacen sino caer en el ciclo vicioso de las dietas rápidas.

Para determinar si tu dieta está en peligro de convertirse en uno de estos enredos poco recomendables, te invitamos a analizar si alguna de las siguientes siete señales está presente en tu plan.

1. Comes una sola comida al día
Cuidado: el mito de que para perder peso hay que tomar una comida al día no tiene ningún fundamento científico.

Las dietas basadas en una o dos comidas al día no son apropiadas para la mayoría de las mujeres que tienen una vida activa y llena de responsabilidades. Al consumir menos calorías de las necesarias, el cuerpo disminuye su función metábolica para conservar energía, resultando en la pérdida de masa muscular, agua y grasa. Aunque la disminución de la grasa puede parecer atractiva, nunca debe suceder a cuesta de la pérdida de los otros dos elementos esenciales.

2. Le temes a la grasa
Tiene mala reputación, pero la realidad es otra: la grasa debe formar parte de nuestra dieta, inclusive cuando queremos perder peso, porque nos proporciona energía y ayuda a que nuestro cuerpo absorba vitaminas esenciales.

Lo ideal es una dieta baja en grasa, mas no una dieta “sin grasa”. Se recomienda consumir un mínimo de 20 por ciento de grasa al día, lo que equivale a unos 34 a 44 gramos en una dieta de 1500 a 2000 calorías diarias, respectivamente.

3. Tu lema es carne, carne y más carne
Ojo: puede que las dietas altas en proteínas sean populares, pero diversos estudios científicos han comprobado que no son balanceadas desde el punto de vista nutricional.

Al suprimir considerablemente del menú los carbohidratos (presentes en los granos, frutas y verduras), se le priva al cuerpo de nutrientes esenciales. Quienes siguen este tipo de dietas pueden experimentar mareos, debilidad, mal aliento y hasta daño de los riñones.

4. Comes como un conejo, sin consejo
Es algo que se debe planear muy bien: si quieres hacer una dieta vegetariana, debes buscar ayuda profesional para que te diseñen un plan personalizado que incluya todos los nutrientes de una dieta variada.

No es saludable abandonar por completo los alimentos del grupo animal, a menos que sepas exactamente como sustituir la ausencia de proteínas, de los minerales calcio, hierro, zinc y de la vitamina B12, con las proteínas vegetales u otros alimentos que los contengan.

5. Tomas todas tus comidas en un vaso
Las famosas dietas de los batidos: los expertos tienen opiniones diversas; algunos las recomiendan, mientras que otros las condenan. El punto es que dichas dietas pueden ayudarnos a perder peso, pero no promueven cambios permanentes en el estilo de vida y la salud.

Para saber si estas dietas son para ti, responde con honestidad estas preguntas: ¿por cuánto tiempo podré reemplazar mi desayuno y mi almuerzo con un batido? y ¿realmente me van a satisfacer ocho onzas de líquido en lugar de una comida balanceada?

6. Te alejas de la variedad
“Combinar alimentos es fatal para perder peso”. “No es bueno comer sándwiches porque la combinación de pan con los otros alimentos engorda”. “No se debe mezclar las proteínas con los carbohidratos en el mismo plato u horario”. ¿Te parecen conocidos estos métodos?

Detrás de estas teorías no existe ninguna explicación biológica o científica que las apoye. Si pierdes peso con estos métodos, es simplemente porque has reducido las calorías, ya que estás omitiendo un grupo esencial de alimentos en las comidas, pero no por ningún otro motivo. Recuerda que no hay nada mejor que integrar una variedad de alimentos en tus comidas, para que el contenido nutricional de cada uno complemente las deficiencias de los otros.

7. Haces toda clase de dieta que cae en tus manos
Alerta: si te atrevas a hacer cualquier dieta que te recomienden, sin importarte los riesgos, puedes estar poniendo tu salud en serio peligro.

Nunca sigas una dieta sin antes consultar a un profesional en el campo de la salud. Cada persona es un mundo aparte, por lo tanto, los planes de reducción de peso deben ser totalmente individualizados y de acuerdo con las necesidades de cada una.

Si identificaste cualquiera de estas señales en tu dieta, es hora de que evalúes tus prioridades y te informes sobre los beneficios, posibles consecuencias y características de tu plan. Lo mejor que puedes hacer, si no sabes cómo empezar, es consultar a un profesional de la nutrición para que te ayude a construir un plan adecuado.

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