- Obesidad y Salud ***

 

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lunes, octubre 23, 2006

La fibra previene el riesgo de obesidad

Aquellas personas que incluyen un mayor consumo de fibra en su dieta tienen menos riesgo de ganar peso y, por extensión, de padecer obesidad. Así lo indica un estudio realizado por especialistas de la Universidad de Navarra.

Según la investigación, que se enmarca en el Proyecto SUN de la Facultad de Medicina del citado centro docente, se ha demostrado que la fibra “impide el desarrollo de resistencia a la insulina, un hecho clave en la obesidad”, como explicó el director del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la universidad e investigador del proyecto, Miguel Ángel Martínez-González.

Publicada recientemente en la revista estadounidense Nutrition, la investigación se realizó durante cinco años sobre una muestra de 11.000 participantes, y se tuvo en cuenta, entre otros factores, la dieta, la actividad física durante el tiempo de ocio, el consumo energético total, el tabaco y el cambio de peso.

Las conclusiones del estudio apuntan a que los alimentos que aportan mayor cantidad de fibra son las frutas y las verduras, especialmente las naranjas, manzanas, zanahorias, lechugas, espinacas, acelgas y guisantes. “Esto evidencia que los elementos tradicionales de la dieta mediterránea resultan una eficaz arma para combatir la creciente epidemia de obesidad”, explicó Martínez-González.

Además, la investigación señala que el consumo de fibra es mayor entre las personas de mayor edad, las que realizan más ejercicio físico, los no fumadores y los que no comen entre horas. Por su parte, las mujeres consumen más frutas y verduras que los hombres, lo que puede estar relacionado con que el 38 por ciento de los hombres estudiados experimentara un incremento de su peso de al menos 3 kilos durante el estudio, frente al 29 por ciento registrado entre las féminas


Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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martes, octubre 17, 2006

Consumir margarina y aceites vegetales puede causar obesidad

Científicos del centro médico de la Universidad Wake Forest afirman que consumir margarina y aceites vegetales fabricados a partir de grasas trans, causa exceso de peso y obesidad.

El estudio encontró que la grasa se concentró principalmente alrededor de la cintura, además el consumo no corresponde con la cantidad de calorías ingeridas.

Las grasas trans son las que surgen del proceso industrial de hidrogenación por el que pasan las vegetales, cuyo resultante es un tipo de grasa que sólo en los Estados Unidos causa alrededor de 30 mil muertes por año.

Se encuentran en las margarinas, aceites vegetales utilizados en casa o en restaurantes para cocinar, freír y hornear, en los productos comerciales horneados (donas, bollos, galletas), alimentos procesados y fritos.

Los investigadores alimentaron a un grupo de 51 monos con la misma cantidad diaria de calorías, pero a unos les dieron una dieta donde predominaban las grasas trans mientras que otros seguían una alimentación a base de grasas monoinsaturadas (como el aceite de oliva).

A los seis años comprobaron que el peso de los animales que habían comido más grasas trans había aumentado un 7.2 por ciento, frente al 1.8 por ciento que habían engordado los otros monos.

Todos estos kilos demás se acumularon en la zona del abdomen, de forma que los monos del grupo trans tenían un 35 por ciento más grasa en su abdomen que el resto.
“Nuestro estudio indica que las consecuencias de las grasas trans son peores de lo que creíamos”, señala el doctor Lawrence L. Rudel, profesor de patología y bioquímica.

Los resultados del trabajo que ha arrojado esta conclusión se han presentado en la 66 Reunión Científica anual de la Asociación Americana de Diabetes, que se celebra en Washington.

“Realmente estamos sorprendidos, la cantidad de calorías que dimos a los animales solo eran suficientes para mantener el peso estable, pero no para aumentarlo”, explica la doctora Kylie Kavanagh, una de las autoras del trabajo.

El equipo pensaba que “los monos nunca podrían llegar a ser obesos con esa cantidad de comida”.

El ocho por ciento de las calorías que recibieron procedían de las grasas trans o de las grasas monoinsaturadas.

Las grasas trans se encuentran en los aceites vegetales empleados por los restaurantes para cocinar, freír y hornear, en los productos comerciales horneados (donas, bollos, galletas...), alimentos procesados y fritos o margarinas.

“Con la salvedad de que los seis años en los monos equivalen a 20 años en los humanos, nuestro trabajo confirma que el consumo de grasas trans conlleva un aumento exagerado de peso”, argumenta la doctora Kavanagh.

Aterosclerosis. Uno de los objetivos de la investigación era evaluar el papel que juegan las grasas trans en la aterosclerosis y los datos muestran que son “un factor de riesgo importante” para desarrollar aterosclerosis (una patología que se caracteriza por la acumulación de placas en el interior de los vasos sanguíneos).

Asimismo, el aumento de peso provocado por las grasas trans incrementa el riesgo de sufrir diabetes. Como explica Kavanagh “en el mundo de la diabetes todos saben que pesar un cinco por ciento más o menos supone una enorme diferencia a la hora de desarrollar y tratar la enfermedad”.

Esta especialista indica que “los monos alimentados con grasas trans experimentaron cambios en el metabolismo relacionados con la glucosa y la insulina que se corresponden con las fases iniciales de la diabetes”.

Este estudio confirma las sospechas de que las grasas trans, incluso cuando se toman en una dieta controlada, conducen a obesidad abdominal y aumentan el riesgo de padecer diabetes y enfermedades del corazón.

Actualmente, se calcula que la dosis media de grasas trans en América del Norte y Europa es de unos 5.5 gramos, aunque puede llegar a rozar los 13 gramos diarios en casos concretos.

Lo ideal es evitarlas y eliminarlas después completamente.

Se sospecha que una acumulación de ácidos grasos trans en la dieta de la madre pueda influir en un peso menor del bebé al nacer, predisponiéndole a padecer enfermedades cardiovasculares.

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sábado, octubre 07, 2006

Dieta y salud Muchas golosinas y más fruta

Científicos estadounidenses han descubierto que la adicción a las golosinas puede preludiar una tendencia saludable al consumo de frutas, y están ensayando la posibilidad de reconvertir un mal hábito nutritivo en otro saludable. Según este estudio, los muy frugívoros prefieren consumir tentempiés dulces, mientras que los más partidarios de verduras, hortalizas y legumbres se inclinan por los snacks salados.

¿Más ideas para combatir la epidemia de diabetes y obesidad que se cierne en todo el planeta? Un grupo de expertos de la Cornell University (EEUU), dirigido por Brian Wansink, plantean en un artículo que publica la revista Appetite la hipótesis de que los adictos a las golosinas (cuyo síndrome ha sido bautizado como sweet tooth, diente dulce) son más proclives a consumir fruta que los no adictos. Esta circunstancia, especulan los expertos, podría usarse con la finalidad de «endulzar» el sabor de determinadas verduras, hortalizas o legumbres, a fin de garantizar una dieta equilibrada en quienes se distinguen precisamente por una ingestión desproporcionada de azúcares e hidratos de carbono.

Al decir de los especialistas, la clave no está tanto en el contenido energético de las golosinas como en su sabor dulce. Por lo que los vegetarianos que sienten mayor predilección por las frutas que por el resto de vegetales son también más propensos a «caer» en la tentación de un hábito de golosinas o chocolate. Wansink y su equipo investigaron a un total de 14.292 norteamericanos entre 1994 y 1996 para determinar si el consumo de golosinas se asociaba a un mayor consumo de fruta o de verduras y hortalizas. Ganó la fruta; asimismo, desvelaron que los muy frugívoros prefieren consumir tentempiés dulces, mientras que los más partidarios de verduras, hortalizas y legumbres se inclinan por los snacks salados.

Repercusiones dietéticas

Los dietistas se han mostrado poco o nada sorprendidos por el hallazgo, puesto que muchos emplean desde hace años una técnica de deshabituación de las golosinas que consiste en sustituir progresivamente las melazas y golosinas por mermeladas sin azúcar y el aderezo de azúcar en cereales o yogures por pasas, bayas o dátiles. La táctica, aseguran los dietistas estadounidenses, funciona casi a la perfección, si bien la ciencia no había nunca averiguado hasta hoy que si los azúcares y las frutas guardan tan cercano parentesco no es tanto por su contenido como por su sabor.

La paradoja está servida: los adictos a las golosinas son, al mismo tiempo, los responsables de que el consumo y también la producción de frutas no pare de crecer en todo el mundo. Sobre esto último, Asia acapara actualmente el 61% de la producción frutera, seguida de América del Sur y África. Europa y Norteamérica no suman juntas ni el 18%; por contra, son las regiones más consumidoras.

Predisposición genética

Por su parte, Robert Margolskee, de la Mount Sinai School of Medicine (Universidad de Nueva York), ha descubierto que la detección de sabores dulces o agrios por parte de los receptores de la lengua obedece a una codificación genética. «Ambos sabores», explica Margolskee, «han desempeñado un papel importantísimo en la evolución de los seres humanos, permitiendo a estos la identificación de fuentes ricas en azúcares (energía) y a evitar los alimentos de sabor agrio (potencialmente tóxicos)». Los científicos estudiaron a dos estirpes distintas de ratones de laboratorio: una que prefería abrevar en un contenedor de agua con azúcar y otra que mostraba predilección por el agua sin azúcar. En los ratones con tirada por lo dulce identificaron una mutación genética no presente en los ratones menos golosos que, por añadidura, es también responsable de la adicción a lo dulce.

AZÚCAR, AMOR Y ODIO

La percepción del sabor dulce inaugura el sentido del gusto en todo recién nacido, y con el tiempo pasa a asociarse retóricamente a conceptos de recompensa y placer. Muchos sinónimos del glosario amoroso guardan relación con lo dulce; no obstante, la adicción al azúcar está pasando factura de salud a una sociedad caracterizada por el goce instantáneo. La adicción al azúcar, sin ir más lejos, propicia que muchos hombres y mujeres basen hoy su dieta en un consumo reiterado de dulces, bebidas, helados, mermeladas, caramelos, gomas de mascar, entre otros.
Lejos de asimilar la adicción al azúcar a una drogaadicción o abuso de sustancias, los expertos en salud advierten de que el azúcar blanco contiene muy pocos nutrientes y sólo cuatro calorías por gramo. Los alimentos ricos en azúcar blanco sacian rápido y ofrecen poca cancha a la competencia de otros alimentos menos. Pero, además, los azúcares inhiben la capacidad de glóbulos blancos o leucocitos para hacer frente a contaminaciones bacterianas, por lo que un consumo regular y exagerado de dulces disminuye nuestro sistema defensivo y favorece la aparición de catarros, cistitis, vaginitis o forúnculos.

La adicción al azúcar duplica asimismo el riesgo de padecer diferentes tipos de cáncer: colon, mama, ovarios, próstata, riñón, sistema nervioso y páncreas; también aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y está directamente relacionado con la aparición de diabetes no dependiente de insulina en la etapa adulta. Mucho azúcar en la dieta acarrea problemas digestivos crónicos (malas digestiones), favorece la infección intestinal de hongos, bacterias y parásitos que, a su vez, estimulan una mayor ansia por consumir azúcares.

El consumo exagerado de azúcar también se asocia con problemas menstruales, caries dental, inflamación de las encías, cambios en el estado de ánimo (ansiedad y depresión), anemias y deficiencias nutricionales, obesidad, hipoglucemia (debido a que el páncreas debe secretar picos de insulina para mantener niveles constantes de azúcar en sangre), hiperactividad y dificultades de concentración tanto en niños como en adultos. En condiciones de abstinencia, el inveterado consumidor de dulces puede experimentar fatiga, ansiedad, irritabilidad, depresión, apatía, taquicardias e insomnio. Si se opta por eliminar todo azúcar de la dieta (cura drástica), conviene tener en cuenta que para asimilar la glucosa que el organismo necesita no basta con un régimen rico sólo en cereales integrales y verduras. Es preferible una cierta saciedad en cuanto a proteínas (pescado, lácteos, huevos, carne, legumbres o frutos secos), puesto que un déficit proteico puede recidivar el ansia por los dulces.






Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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lunes, octubre 02, 2006

Cómo achicar sus caderas

Los músculos exteriores de los muslos (los aductores de la cadera) generalmente están poco trabajados y son bastante débiles.

Ejercitarlos mediante la rutina adecuada, permite conseguir agilidad, mejor equilibrio, máximo desempeño... y muslos y caderas tonificadas.

En este ejercicio, se tratará de hacer trabajar los músculos mencionados mediante el levantamiento de bolsas con peso colocadas en los tobillos (tobilleras).

Lo esencial

· Repeticiones: de 8 a 12 levantamientos son considerados una "serie". Haga una a tres series con ambas piernas

· Sesiones por semana: dos a tres; permítase al menos un día de descanso entre entrenamientos.· Velocidad: 3 segundos para levantar, 1 segundo de pausa, 3 segundos para bajar.

· Peso: Si usted no puede hacer ocho repeticiones, el peso es demasiado. Cuando usted puede hacer 12 repeticiones fácilmente, el peso es insuficiente.

· Recuerde respirar correctamente.

Lo que no hay que hacer

· Inclinar su cuerpo hacia el lado opuesto a la pierna que está levantando.

· Levantar su pierna demasiado alto (más de 30 cm.)

· Apuntar los dedos de los pies hacia los lados o hacia adentro.

· Apoyarse en la parte de atrás de la silla con demasiada fuerza.

La posición

· Párese con la cabeza erguida.

· Mantenga los hombros relajados.

· Meta la panza.

· Apóyese en la parte de atrás de una silla.

· Coloque los pies separados (7 a 10 cm.), con los dedos de los pies apuntando hacia delante.

· Asegure bien las tobilleras, sin que estén demasiado apretadas.

El ejercicio

1. Levante lentamente su pierna derecha lateralmente.

2. Mantenga siempre los dedos del pie apuntando hacia adelante, y levante el pie hasta aproximadamente 20 a 25 cm. del suelo.

3. Sostenga, y entonces baje.

4. Repita con la otra pierna..

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