- Obesidad y Salud ***

 

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jueves, septiembre 18, 2008

La obesidad y el sobrepeso se disparan entre los niños de dos años

18.09.08 - IDEAL

Los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo importados de los Estados Unidos siguen haciendo estragos. Y lo hacen a edades cada vez más tempranas, ya desde los dos años. «Estas afecciones se inician ya a los dos años de edad, cuando el bebé cambia sus hábitos de alimentación y actividad física», señaló el presidente de la Asociación Española de Nutrición, Gregorio Varela-Moreiros.

A este alarmante dato se une el ya conocido de que el 21% de los menores de tres a cinco años sufre sobrepeso y obesidad, como se encargaron de subrayar ayer los expertos del Programa Thao-Salud Infantil, aplicado en 10.000 niños de cinco municipios de Madrid, Barcelona, Tarragona y Sevilla. El estudio, realizado por primera vez en España, muestra que un 22,3% de los menores de entre 3 a 12 años en España sufren exceso de peso.

Menos esperanza de vida

«Los niños nacidos en el año 2000 pueden ser la primera generación que tenga una esperanza de vida inferior a la de sus padres», sentenció el catedrático de Pediatría de la Universidad de Compostela Rafael Tojo. Además, la cada vez más temprana aparición de este fenómeno provocará que la diabetes y las enfermedades cardiacas aparezcan a los 20 ó 30 años, una década antes de lo que es habitual en la actualidad.

Otros aspectos a destacar son que por primera vez la obesidad infantil en niñas es ligeramente superior a la de los niños en España, y la vulnerabilidad de los inmigrantes a esta pandemia de exceso de peso, ya que el cambio en los hábitos al llegar al territorio de acogida se suma a la mayor incidencia de la enfermedad en sectores de menor nivel socioeconómico.

http://www.ideal.es/

 

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domingo, septiembre 14, 2008

El ejercicio físico puede ganarle a los genes para combatir la obesidad

Gabriela Gottau

La obesidad encuentra su causa en una variedad de factores, entre los que se sabe, figuran los genes y el ambiente.

Hasta el momento no se conoce cual de ambas esferas de factores influye con más peso en el desarrollo de la enfermedad, pero si se puede afirmar que si el ambiente es saludable, el riesgo de desarrollar obesidad determinado en los genes disminuye considerablemente.

Investigadores estadounidenses han evaluado a un grupo de personas de igual religión y semejantes hábitos, llegando a la conclusión de que aquellos que portaban el gen FTO asociado a la obesidad pero que era físicamente activos pesaban lo mismo que aquellos que no poseían el gen.

Es decir, la actividad física regular podría neutralizar la predisposición genética a la obesidad expresada en este gen, lo cual es un hallazgo esperanzador para las personas con exceso de peso porque significa la posibilidad de combatir la obesidad mediante cambios en la dieta o el ejercicio físico.

Normalmente, quienes tienen dos copias del gen FTO pesan en promedio 3 kg más y son un 70% más propensos a sufrir obesidad que las personas que no poseen el gen.

Los evaluados usaron un acelerómetro para evaluar el movimiento total de una semana y se analizó el índice de masa corporal de los participantes.

Al finalizar, se comprobó que quienes eran menos activos y tenían el gen FTO eran aún más proclives a desarrollar sobrepeso u obesidad, mientras que las personas físicamente activas que tenían el gen no sufrieron ninguna diferencia respecto a quienes no lo poseían.

La investigación nos da un panorama de lo que sucede actualmente, pues se ha reducido en gran medida la proporción de calorías gastadas mediante la actividad física y quizá moverse más sea la clave para reducir las cifras de obesidad y combatirla a largo plazo.

Sin duda ser sedentarios nos enferma y puede ser más peligroso de lo que creemos, ya que es un factor de riesgo para muchas enfermedades metabólicas, entre ellas, la obesidad, la diabetes, la hipertensión y dislipemias.

http://www.vitonica.com/

 

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miércoles, septiembre 10, 2008

Una buena salud en familia

Más vale prevenir que lamentar, por ello, toma precauciones y aprende a cambiar los hábitos alimentarios de todos en el hogar.

El Nuevo Día de Puerto Rico/ GDA
El Universal
Martes 09 de septiembre de 2008

Estar a dieta no es agradable para nadie. Así es que cuando un miembro de la familia decide bajar de peso es común que los demás perciban como un sacrificio acoplarse a nuevos hábitos alimentarios.

Sin embargo, esta solidaridad puede recompensar a todos, aseguraran dos licenciadas en nutrición.

"La experiencia que tengo es que cuando alguien en la casa está a dieta, todos se benefician al cambiar a un estilo de vida más saludable", afirma Vilma Calderón, autora del libro Baja de peso, gana salud.

Esto ocurre, explica, porque es común que todos se decidan a cambiar su manera de comer.

¿Lo más usual?: demasiada comida rápida o frita, mucho refresco, poca agua y dulces por doquier. Esto sin mencionar la poca o ninguna actividad física.

Para romper este ciclo la licenciada Carmen Rosario Cabrera recomienda comenzar poco a poco o ser radical siguiendo estos consejos básicos:

- No freir. Si fríen varios días a la semana hay que ir eliminándolo hasta llegar a cero.

- Acostumbrarse, tanto niños como adultos, a salir de la casa con su botella de agua. A veces pasan todo el día tomando jugo y no toman agua.

- Tener disponibles frutas y vegetales frescos. Si el presupuesto no da, busca congelados, envasados en agua o en su propio jugo. Otra alternativa son las compotas de bebé que no contengan azúcar.

- No compres lo que quieres limitar. Si el niño de la casa tiene diabetes, no lleves paquetes de galletas a casa. De hacerlo, establece claramente sus límites.

- Camina y, si se puede, en familia.

- Toma agua 15 minutos antes y 15 minutos después de comer, y no durante la comida. Esto da sensación de saciedad y permite una mejor digestión.

Para los más pequeños

En cuanto a las meriendas de los niños, elimina o reduce las galletas dulces y bolsitas de salados.

Opta por frutas, queso, cereal seco bajo en azúcar, yogurt, emparedados en pan integral y jugo 100% natural y en cantidades moderadas.

Calderón enfatiza que desde que empiezan a comer, los infantes
deben comenzar a consumir frutas, vegetales y verduras y los padres no deben desanimarse si rechazan alguno de éstos alimentos sino continuar ofreciéndolos, de diferentes maneras.

"Los hábitos alimentarios son como todo en la vida, se aprenden. Si esperas hasta los ocho años para darle frutas y vegetales a tus hijos, se te está haciendo un poco tarde", apunta.

Para interesar al niño por los alimentos sanos, Calderón recomienda, antes que todo, que los padres den ejemplo.

http://www.eluniversal.com.mx/


 

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lunes, septiembre 01, 2008

¿PADRES OBESOS, HIJOS OBESOS?

El papel de los genes en la obesidad

Seguro que muchos padres y madres que sufren de obesidad se han planteado en algún momento si su enfermedad afectará también a sus hijos e hijas. ¿Es la genética un factor decisivo? ¿Se puede hacer algo por evitarlo o hay que asumir lo inevitable?

Padres y madres deben tomar conciencia y asumir los errores que comenten en su dieta y estilo de vida para evitar trasladarlos a sus hijos, ya que la clave se centra en "comer mejor y moverse más".

  • ¿De padres obesos, hijos obesos?

Cuando los padres son obesos o uno de ellos lo es, la probabilidad de que sus hijos sean obesos aumenta. De hecho, se estima que los hijos tienen entre un 50% (si uno de los dos progenitores es obeso) y un 80% (si ambos lo son) de probabilidades de serlo también, eso sí, considerando que la genética no es un factor decisivo.

Para entenderlo mejor, aun considerando que ciertos genes predisponen a esta enfermedad, si a ello no se suman otros factores como la falta de ejercicio o una dieta inadecuada rica en grasas o azúcares; en la mayor parte de los casos la obesidad no se desarrollará.

Analicemos el papel que juegan los genes y los últimos avances científicos al respecto.

  • Últimos avances científicos

Los estudios en torno al papel que desempeñan los genes en el desarrollo de la obesidad son constantes, si bien aún queda mucho por investigar y por aprender. Lo más importante de todo lo descubierto hasta ahora radica en que se abren nuevas vías de tratamiento que consideran los genes a nivel individual. Esto permite individualizar aún más, si cabe, su terapéutica y que ésta sea más eficaz.

  • Los genes de la obesidad

En el desarrollo de la obesidad, además de la influencia que tienen ciertos factores ya conocidos (dieta, ejercicio, factores socioculturales, etc.), otro elemento a considerar es el perfil genético individual. De hecho, está plenamente demostrado que los genes intervienen en el centro del hambre, en la regulación del peso, en el número y tamaño de los adipocitos y en la distribución del tejido graso en diferentes partes del cuerpo, así como en el gasto energético.

Se intuye que el balance energético de una persona puede estar influenciado hasta en un 40% por su herencia genética, afectando tanto a su apetito como a su metabolismo y composición corporal. Por el momento tan sólo han sido detectados algunos de los genes implicados en la aparición de la obesidad, ya que es posible que su número supere la cifra de los 25.000. Algunos de los genes más estudiados en los últimos años son: leptina (gen obese -Ob-) y su receptor (gen diabetes -DB-), moléculas implicadas en la diferenciación de los adipocitos y en el transporte de lípidos (PPAR, Ap 2) y receptores adrenérgicos (ADR 2 y 3), entre otros. ¿Cuál es la aplicación práctica de todo esto? Para tener una idea más clara, se ha demostrado que la alteración del gen receptor adrenérgico beta 3, hace que la persona engorde si no hace ejercicio con regularidad.

En este caso el tratamiento debería apoyarse en el ejercicio físico, más aún que sobre la propia dieta. Por otro lado, las personas no asimilamos por igual todos los nutrientes según nuestra base genética; es decir, asimilamos de forma diferente las proteínas, los hidratos y las grasas. Por tanto, si conocemos dicha información genética, podría recomendarse a cada persona que limitara en menor o mayor medida la ingesta de uno de dichos nutrientes, por ser el que más le perjudicaría frente al tratamiento de su obesidad. De hecho, aquellas personas que sufren de una mutación en el gen PPAR, deben limitar la ingesta de grasas por encima del resto de consideraciones terapéuticas.

Otros ejemplos de defectos genéticos son aquellos que afectan al centro del hambre y de la saciedad situado en nuestro cerebro. Tal es el caso del síndrome de Prader-Willi, una enfermedad de origen genético que provoca en la persona un hambre insaciable y una obesidad extrema desde la infancia. Otros síndromes genéticos reconocidos en la actualidad son: Bardet-Bield, Cohen y Alström-Hallgren, entre otros. En este contexto se abre un amplio horizonte de futuro para el desarrollo de la terapia génica de la obesidad. Un futuro prometedor, puesto que cuando la obesidad esté causada por ausencia o defecto de determinados genes, la incorporación de un gen o fragmento de ADN permitirá subsanar el defecto existente.

  • La obesidad, ¿cómo evitarla?

Los avances sobre la obesidad son constantes, si bien nuestro esfuerzo y motivación siguen siendo el arma más eficaz para vencerla. De hecho, la solución más razonable sigue siendo la dieta y el ejercicio, mediante un cambio cultural que suponga aprender a comer mejor y a moverse más, y reduciendo la ingesta de calorías de forma permanente.

Los niños y niñas aprenden por imitación de todo lo que les rodea, en especial de la familia. Por tanto, si quieres evitar que tus hijos desarrollen obesidad, como padre o madre debes adoptar como primera medida "descubrir los errores que cometes en la dieta y el estilo de vida". Ello exige que te informes de cuales son las causas que conducen a la obesidad, que analices las dificultades y busques estrategias o soluciones empleando los recursos necesarios y que solicites ayuda cuando sea preciso a profesionales cualificados.

  • Cuanto antes actúes, mejor

Ante la obesidad se ha de actuar cuanto antes para prevenir dificultades mayores y más permanentes. De hecho, se ha demostrado que si el niño/a padece sobrepeso entre los 6 meses y los 7 años de edad, tiene un 40% de posibilidades de ser un adulto obeso, mientras que si éste se presenta entre los 6 y 13 años, la posibilidad aumenta hasta el 70%.

La genética no lo es todo

Otros factores implicados son la herencia, la presencia de ciertos trastornos o incluso la toma de ciertos medicamentos. Las enfermedades que afectan al funcionamiento de glándulas como el tiroides o las suprarrenales, los trastornos de alimentación como la bulimia o la toma de fármacos como corticoides, antidepresivos, etc. Son también otros factores desencadenantes.

¿Qué es lo que conduce a la obesidad?

+ Comemos demasiado: En la mayor parte de los casos de obesidad la causa se centra en que se come más, en cantidad y variedad, de lo que el cuerpo es capaz de quemar, pero ¿qué es lo que lleva a la persona a comer más de lo que necesita para vivir?

+ La falta de ejercicio: Los cambios laborales, de pautas de ocio, y de costumbres en general, aparecen como las causas más importantes ante la falta de actividad física. Los trabajos implican cada vez un menor desgaste físico, y en cuanto al ocio, los niños han sustituido las carreras, la bici y otros juegos al aire libre por la TV, el vídeo, el ordenador y las consolas.

+ La publicidad y las modas: Los medios de comunicación y las modas ejercen una influencia notable en el comportamiento en la compra y en el patrón de consumo de alimentos de los consumidores, sea cual sea su edad. De hecho, las empresas del sector alimentario conocen muy bien las técnicas que permiten incorporar con éxito sus productos en el mercado.

Las causas de la obesidad, una a una

Comemos demasiado

Errores en la educación familiar

* Mitos. A pesar de que cada vez somos más conscientes de las ventajas que nos reporta una alimentación equilibrada, aún persisten algunas creencias erróneas en torno a este tema. Entre ellas, aunque con una afortunada tendencia a disminuir, se cuenta la de que un niño rollizo (obeso) es más sano que uno delgado. De hecho, muchos niños y niñas son sobre alimentados sistemáticamente en la infancia bajo ésta creencia.

* Desconocimiento. En numerosas ocasiones no se conoce muy bien cuales son las cantidades de alimentos que se han de presentar a los hijos según su edad, por lo que se les ofrece cantidades exageradas o que superan lo que su organismo es capaz de quemar o asimilar. Cuidado, no son pequeños adultos, su capacidad para digerir y nutrirse es distinta a la nuestra.

* ¡No tengo tiempo! Adentrarse en el mundo de la cocina puede representar todo un desafío para quienes apenas tienen tiempo de hacer la compra, planificar menús o cocinar de manera regular. Pasta, salchichas, precocinados y los socorridos huevos fritos con patatas acaban aburriendo, además de que su consumo habitual no es precisamente el paradigma de una dieta sana y equilibrada.

* Compensaciones y premios. En ocasiones no dedicamos a los hijos el tiempo que quisiéramos e intentamos compensarles o premiarles con los alimentos que más les gustan, que por lo general, resultan tentadores pero poco saludables. Los niños no tienen capacidad para elegir lo que más les conviene. Guiarles en esa tarea es tu responsabilidad.

Dificultades que se presentan en los hijos e hijas

* Rasgos diferenciales. Hay niños que comen "con los ojos" y que poseen una gran sensibilidad hacia los estímulos alimenticios, así como otros manifiestan una fuerte tendencia hacia determinados alimentos o sabores (dulces o salados). Es fundamental evaluar las conductas y hábitos alimenticios de nuestros hijos para conocer cuáles son adecuadas y cuáles no, y actuar así sobre el origen del problema.

* Elementos psico-afectivos. Puede suceder que nuestros hijos trasladen sus dificultades o problemas al terreno de los alimentos. Esto también sucede con los adultos.

Si estamos tristes, enfadados o nerviosos, no comemos o comemos en exceso. Con frecuencia aplacamos esas emociones con la comida. La pérdida de un ser querido, el nacimiento de un hermanito o hermanita, cambiar de casa o de colegio, son situaciones que generan ansiedad y temor, y según el carácter del niño o de la niña, pueden influir o marcar su comportamiento hacia la comida.

Cuando la obesidad tiene causas psicológicas o afectivas, habrá que tomar conciencia de ello y, en caso necesario, pedir asesoramiento o apoyarse en un profesional.

La falta de ejercicio

La falta de ejercicio deriva en un menor gasto de energía, y si a esto se suma que se come más de lo debido, el riesgo de obesidad aumenta de forma notable.

Anímate y anímales a practicar deporte, todos vais a salir ganando con ello: os sentiréis mejor, más vitales y ganaréis en salud.

La publicidad y las modas

En los anuncios dirigidos al pequeño consumidor se presentan mensajes que suelen apoyarse en personajes famosos o premios, con la intención de captar su atención.

Mensajes como "cereales que te convertirán en un deportista de élite", "lácteos que te permitirán ser una supermodelo", "comer snacks es divertido y estarás a la última" son muy frecuentes.

Ante esta situación, el pasado 15 de septiembre de 2005 entró en vigor el Código PAOS, elaborado por la Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), que pretende regular la publicidad de los productos alimenticios dirigidos al público infantil. Se trata de una iniciativa Europea enmarcada en la estrategia NAOS (Nutrición, Actividad física y prevención de la obesidad), bajo la que se ampara esta escuela, lanzada por el Ministerio de Sanidad y Consumo para contribuir a la prevención de la obesidad en España.

http://obesidadinfantil.consumer.es/


 

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