- Obesidad y Salud ***

 

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lunes, octubre 01, 2007

Según expertos el bypass gástrico es la mejor técnica para los afectados de obesidad mórbida


Esta operación se realiza desde al año 1966, y ha pasado la prueba del tiempo al ser la única operación que lleva realizándose más de 34 años

Madrid, 1 octubre 2007 (mpg/Azprensa.com)

Según expertos de la Clínica de La Luz, el Bypass gástrico es la técnica quirúrgica que aporta una mejor calidad de vida a los afectados por obesidad mórbida a medio y largo plazo a diferencia de los tratamientos farmacológicos, que hacen que los pacientes recuperen el peso que han perdido en la mayoría de los casos.

Según el jefe de la Unidad de Cirugía Laparoscópica de Obesidad de la clínica, el doctor Manuel Miras al superar los cuarenta puntos en el índice de masa corporal, puede aparecer enfermedades como la diabetes e hipertensión. Estás complicaciones están asociadas a una mayor tasa de mortalidad, de tal forma que muchos pacientes fallecen a los cuarenta años.

El bypass gástrico es la operación más antigua. Se realiza desde al año 1966, y ha pasado la prueba del tiempo al ser la única operación que lleva realizándose más de 34 años. Se la considera la operación Standard con la que deben comparase todas las demás. Durante los últimos años se han mejorado muchos detalles que la hacen más segura y efectiva. Se puede hacer "proximal" o "distal" dependiendo del segmento intestinal excluido y que significa que en un obeso supermórbido se añade un componente de mala-absorción importante para conseguir mayores pérdidas de peso La intervención quirúrgica "consiste en dejar un estómago con una capacidad de 70cc que se conecta directamente al intestino delgado de forma que los alimentos pasan directamente a él, lo que consigue que el paciente se sacie con una cantidad de comida menor y que disminuya la absorción calórica de los alimentos ingeridos", explicó el doctor Miras.

http://www.azprensa.com

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lunes, septiembre 17, 2007

El balón intragástrico es una opción válida para combatir la obesidad


El dispositivo de balón intragástrico funciona provocando a una sensación de saciedad que induce a reducir la cantidad de alimentos que se consumen en cada comida

MADRID, 16 Sep. (EUROPA PRESS) -

Expertos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) consideran que el balón intragástrico es un recurso útil para hacer frente a la obesidad, aunque advierten que sólo surte efecto si se acompaña de correctas medidas nutricionales y ejercicio. Éste es uno de los temas que abordará esta sociedad científica el próximo mes de octubre en el Congreso Nacional que celebrará en Zaragoza.

Según subraya la participante en este taller y jefe asociado de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid, la doctora Pilar Riobó, "es una mera ayuda para la pérdida de peso, por lo que debe usarse junto con un plan de educación nutricional y un programa de ejercicio físico que ayudará a mantener, tras la extracción del balón, la pérdida de peso lograda".

En esta misma línea, el presidente de la SEEDO, el doctor Basilio Moreno, afirma que "el balón intragástrico es una opción más para el tratamiento de la obesidad, al igual que la dieta, los fármacos o la cirugía, pero hay que establecer muy bien las indicaciones".

El dispositivo de balón intragástrico funciona provocando a una sensación de saciedad que induce a reducir la cantidad de alimentos que se consumen en cada comida, con lo que se pierde peso gradualmente. Según afirman desde la organización, durante este periodo, los pacientes deben asistir a consultas periódicas y sesiones informativas programadas para aprender los principios de unos hábitos alimenticios sanos, así como los cambios recomendados para llevar un modo de vida más sano.

Según datos facilitados por la SEEDO, este tratamiento permite perder hasta un kilo por semana, que es la cantidad considerada idónea por los dietistas, durante un periodo de seis meses, lo que supone un total de 20 a 30 kilos. Sin embargo, la reducción real depende del seguimiento de la dieta y el cambio de costumbres que deben acompañar a esta técnica, siendo la media real de adelgazamiento de unos 15 kilos en el primer medio año.

El balón intragástrico es, según explica el doctor Moreno, "un balón blando y dilatable que se inserta en el interior del estómago y se llena de una solución salina estéril. Puesto que el balón ocupa parcialmente el estómago, los pacientes se sienten llenos o satisfechos, lo que provoca que coman menos y pierdan peso". Hasta el momento, se han implantado 20.000 dispositivos en pacientes de todo el mundo "y la demanda continúa", apunta la doctora Riobó.

Este tratamiento será uno de los temas que se abordarán en el VIII Congreso de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, que se celebrará en Zaragoza del 24 al 26 de octubre y que pretende reunir a más de 500 de expertos nacionales e internacionales. Además también se tratarán en el congreso otros temas como las dietas milagro, los alimentos funcionales, el impacto de la obesidad abdominal en la esfera cardiovascular y la obesidad en la población infantil.

http://www.azprensa.com

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domingo, mayo 20, 2007

Es más probable que las pacientes de obesidad mórbida no se hagan pruebas para el cáncer

Los expertos señalan que muchas podrían sentirse avergonzadas por subirse a la báscula o por ser examinadas

(FUENTE: Center for the Advancement of Health, news release, May 8, 2007)

JUEVES 17 de mayo (HealthDay News/HispaniCare) -- Las mujeres que tienen obesidad mórbida son más propensas que el resto de las mujeres a omitir las exploraciones del cáncer, aunque la obesidad grave incrementa su riesgo de cáncer o de morir a causa de esta enfermedad.

Investigadores estadounidenses analizaron los datos de casi 8,300 mujeres, de 40 a 74 años, que participaron en la encuesta National Health Interview (Entrevista nacional de salud) 2000.

Hallaron que las mujeres con obesidad grave eran hasta 10 por ciento menos propensas que las mujeres de peso normal a estar al día en los exámenes clínicos de los senos, mamografías, y pruebas de Papanicolau.

El estudio también encontró que las mujeres con obesidad mórbida eran 51 por ciento menos propensas a adherirse a las recomendaciones de los médicos para la mamografía y 83 por ciento menos propensas a seguir las recomendaciones del Papanicolau. El estudio sí encontró que los médicos tendían a recomendar por igual la mamografía y la prueba de Papanicolau para las mujeres obesas y no obesas.

El estudio aparece en la edición de junio del American Journal of Preventive Medicine. También fue presentado en la reunión de la American Society of Preventive Oncology en marzo.

Es importante determinar por qué las mujeres que tienen obesidad mórbida (con un índice corporal de 40 ó más) son menos propensas a las exploraciones del cáncer, señaló la autora principal Jeanne Ferrante, que ejerce en el departamento de medicina familiar de la Universidad de Medicina y Odontología de Nueva Jersey y la Escuela de Medicina de Nueva Jersey en Newark.

Ferrante planea encuestar a los médicos para averiguar si existen barreras que impidan que las mujeres con obesidad grave sean evaluadas para el cáncer, como la ausencia de equipos adecuados para examinar a pacientes obesos mórbidos.

También está recopilando información de grupos de pacientes, y ha encontrado que las mujeres que tienen obesidad mórbida se sienten avergonzadas de su peso.

"No les gusta someterse a un examen. No quieren ponerse dos batas o pesarse en una báscula inadecuada", dijo Ferrante en una declaración preparada.



http://healthfinder.gov

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domingo, febrero 25, 2007

Evita el sobrepeso en tus hijos

Lic. Isabel C. Rodríguez R.*

Si tu hijo tiene problemas de peso seguramente te habrán advertido sobre todas las complicaciones de salud que puede tener.

Los niños obesos son más propensos a desarrollar diabetes y sus cifras de colesterol por lo general son más altas que las de otros niños.

Aunque como madre debes estar muy conciente de esta realidad para aplicar las medidas de control necesarias y ayudar a tu hijo a crecer sano, hay otra realidad que se presenta paralela a este aspecto físico y es muy pocas veces abordada por el personal de salud: la burla de la cual tu hijo puede ser objeto.

Es probable que tu niño alguna vez te haya comentado que sus compañeros de escuela se burlan de él o que, en tu misma casa, los hermanos y vecinos lo hagan.

¿Por qué se burlan?

Básicamente los niños se burlan de los que están pasados de peso porque su imagen corporal no es la más apropiada dentro de lo que se acepta en la sociedad. Además, los niños con sobrepeso son más torpes en ciertas actividades que requieren destreza física y se fatigan más fácilmente que los niños delgados.

¿Qué debes hacer?

Si tu hijo está pasado de peso lo primero que debes hacer es planificar con tu pediatra un tratamiento para su problema que incluya asesorías dietéticas y psicológicas. Verás cómo a medida que progrese, la situación será de menor tensión. Mientras avanzan en el tratamiento, puedes seguir las siguientes recomendaciones:

Dale a los comentarios la importancia que merecen. Recuerda que para los niños los comentarios de otros pueden ser muy importantes, pero también los tuyos los son, por lo tanto, cuando tu hijo te comente que se han burlado de él, préstale atención a lo que te dice y hazle saber que a esos comentarios no debe darles mucha importancia. Sin embargo, te recomendamos no caer en el extremo de volver sobre el tema de la burla en la escuela varias veces, tal vez tu hijo ya lo olvidó y ¡eres tú quien sigue pensando en eso!

Crea un clima familiar de confianza. Cuando los niños son objeto de burla disminuye su confianza y su autoestima, por lo tanto, es esencial que en la casa predomine un ambiente donde tu hijo se sienta confortable y seguro.

Tratar a tus hijos por igual. Una de las mejores cosas que puedes hacer es tratar a tu hijo con sobrepeso de la misma manera que a tus otros hijos: evita hacer distinciones con sus hermanos o primos y asígnale las mismas actividades para no reforzarle la idea de que es diferente al resto de los niños.

Refuerza lo positivo. Concéntrate en aquellas cosas que tu hijo hace mejor que muchos y anímalo a que las desarrolle. Si tu hija tiene sobrepeso y no es muy buena en ballet, pero canta mejor que muchas, llévala a clases de canto y ¡no te pierdas ninguno de sus conciertos!

Premia sus logros. Debes reconocerle cada avance en su tratamiento. Recuerda que no sólo es un avance perder determinado número de libras o kilos, también cambiar un hábito alimentario no apropiado o incrementar la actividad física son excelentes logros.

Acompáñalo a hacer ejercicios. Si tu hijo hace ejercicios, no sólo disminuirá de peso más rápidamente, sino que también se cansará menos y se hará más ágil en sus actividades diarias. Por lo general, a los niños con sobrepeso no les gusta hacer ejercicios y requieren del estímulo de sus padres para realizarlos. Selecciona una actividad que sea divertida para todos. Tal vez una excursión familiar cada fin de semana a un sitio donde se requiera Ver blog caminar bastante o donde tu hijo pueda montar bicicleta será más animado para él que permanecer dos horas jugando béisbol.

Cuidado con los apodos. Algunos padres con el mayor cariño llaman a sus hijos por sobrenombres. No caigas nunca en el error de llamar a tu hijo “mi gordito”, “el gordo” o algo similar. Estos “alias” no hacen otra cosa que reforzar en tu hijo su problema y se convierten en etiquetas que le puede tomar mucho tiempo quitárselas de encima.

Si sigues las recomendaciones de tu equipo de salud y le das suficiente apoyo a tu hijo verás cómo poco a poco él empezará a tener una actitud mucho mejor hacia las burlas de las cuales puede ser objeto. Si piensas que tu hijo, a pesar de poner en práctica con él todas estas recomendaciones no se siente bien, te recomendamos buscar la ayuda especializada de un psicólogo.

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viernes, febrero 02, 2007

Obesidad, microbios y hormonas

Las pasarelas de la moda están de moda, pero no por la moda en si misma, que siempre es noticia, sino por las modelos, y en concreto por su masa corporal. En la lucha contra la anorexia el ministerio competente quiere que se controle este aspecto de manera que no se publiciten estilizaciones anoréxicas como modelos o estereotipos a seguir. El peso corporal está regulado por la genética de la persona y otros factores como la fácil disponibilidad de alimentos muy energéticos y baratos, pensemos en las super-hamburguesas y demás comida rápida que tanta polémica está levantando, y la escasa actividad física que caracteriza a nuestra sociedad sedentaria, que ya no tiene que correr detrás de la comida, como lo hacían nuestros ancestros hace muchos miles de años.

Según se acaba de publicar en la prestigiosa revista Nature, también el microbiota, o conjunto de microorganismos que coloniza el intestino, puede desempeñar un papel importante en el mantenimiento del peso corporal. Permítanme un breve apunte técnico. Dentro de las bacterias hay dos grandes divisiones denominadas Firmicutes y Bacteriodetes. Firmicutes contiene más de 250 géneros, incluidos los Lactobacillus, las bacterias de los yogures, ¿recuerdan? Bacteriodetes contiene unos 20 géneros de los cuales el más importante es Bacteriodes.

Pues bien, se ha visto que en obesos abundan mucho más los Firmicutes que los Bacteriodetes. Parece ser que los microorganismos del intestino de los obesos son capaces de degradar más fibra de los alimentos que los de los flacos. De esta manera, los microorganismos de los obesos serían más hábiles para extraer la energía de los alimentos que los microorganismos de los flacos, y por ello extraerían más calorías de la misma cantidad de alimento. Esta eficiencia se traduce en un incremento pequeño pero continuado en la ingestión de calorías que no se ve compensado con un gasto energético equivalente. Se cree que esta circunstancia podría ser una de las causas importantes del incremento de peso.

Ahora bien esta es solo una pequeña parte de la historia. Hay muchos factores complejos implicados en el mantenimiento del peso. Por ejemplo los hormonales. Entre las hormonas relacionadas con el peso corporal se ha citado recientemente una nueva denominada leptina, cuya concentración aumenta al aumentar la grasa corporal. Esto se considera que es una señal que envía el tejido adiposo al cerebro indicando que nuestros depósitos de grasa están llenos, más o menos. La leptina produce, entre otros efectos, la reducción del apetito y el aumento del metabolismo de grasa. En los obesos se produce una resistencia a la leptina que provoca que los efectos de esta hormona sean menores y por lo tanto que la persona tenga tendencia a engordar.

Según lo que vamos sabiendo, el tejido adiposo no es algo que «sobre», sin más, sino que es una fuente de señales metabólicas cuya misión final es permitir el ajuste energético entre lo que ingerimos y lo que gastamos. La diferencia si es positiva se acumula en forma de grasa y si es negativa la grasa se quema. «Liposuccionar» sin cambiar el estilo de vida sirve para poco tiempo.

En la obesidad juegan muchos factores fisiológicos, ambientales y culturales, y otros que todavía no conocemos y que en los próximos años la investigación biomédica irá desvelando. Lo que si que está claro es que la salud exige optimizar nuestra masa corporal. No es un tema baladí, y bien hace el Ministerio de Sanidad y Consumo en actuar sobre estos temas (programa NAOS entre otras acciones), aunque quizás más que legislar de manera restrictiva debería hacerse de manera educativa. Así que ya sabe: a comer suficiente, variado y sano. ¡Ah! Y no se olvide de hacer ejercicio y, si puede, deje de fumar. Ageno Ajeno

Tomás Girbes

Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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jueves, enero 25, 2007

¡Hazle la guerra a la celulitis!

Claudia M. González, MS, RD, LD/N*

Si de algo odian hablar las mujeres es acerca de la celulitis, esa piel con apariencia de cáscara de naranja que muchas veces se encuentra en los muslos. Es tan indeseable que las mujeres hacen lo inimaginable para desaparecerla o, al menos, disimularla.

Conoce al enemigo

La celulitis no sólo es un problema estético sino también de salud. Las causas que la determinan provienen de un proceso complejo En su aparición están implicados un número de factores, incluyendo cambios hormonales, la herencia genética, la circulación deficiente, el estrés o ansiedad, el fumar, la falta de ejercicios o actividad física y una dieta cotidiana desequilibrada o excesiva.

Sea cual sea la causa de la celulitis, su proceso siempre pasa por distintas fases en las que el tejido se va haciendo cada vez más rígido y los nódulos (o la piel de naranja) cada vez más visibles y hasta dolorosos.

Distintos tipos de celulitis

La celulitis puede afectar a todos por igual, desde niños hasta adultos, e inclusive a personas delgadas y con buena figura. Las personas obesas (con un exceso de más del 20 por ciento de su peso corporal ideal) son más propensas a que la grasa se les deposite en zonas localizadas y por eso tienen una mayor tendencia a padecer de celulitis.

No todas las mujeres son iguales y, por ende, tampoco lo es su celulitis. En algunas, la celulitis suele mostrarse por todo el cuerpo; en otras, puede estar localizada en zonas específicas del cuerpo, como los muslos, las caderas, el abdomen, los brazos, las pantorrillas y los glúteos. Dependiendo de la fase en la que se encuentre, la celulitis también puede presentar un aspecto edematoso, endurecido, esclerótico o flácido.

Prevención y tratamiento

La clave para prevenir o controlar la celulitis está en llevar un estilo de vida saludable que incluya una buena dieta y actividad física. Lo ideal es seguir una dieta equilibrada, ya que comer en exceso provoca un aumento del tejido adiposo (de grasa). Es recomendable consumir alimentos que eviten el estreñimiento y beber unos dos litros de agua al día. Además, hay que reducir el consumo de sal, ya que ésta favorece la retención de líquidos.

Ponte en acción: Dieta básica

  • Consume de 5 a 8 porciones de frutas y verduras al día.
  • Incluye en tu dieta productos de grano integral como los cereales, panes o galletas.
  • Toma mucha agua para facilitar la eliminación de toxinas. Evita las bebidas gaseosas.
  • Opta por la leche descremada y sus derivados.
  • Controla el tamaño de las porciones de tus comidas para evitar el sobrepeso y la presencia acentuada de la celulitis.
  • Disminuye los alimentos grasosos como los embutidos, dulces y frituras. Prefiere los embutidos desgrasados de pavo, pollo y ternera.
  • Come de cuatro a cinco comidas pequeñas al día.
  • No fumes y toma licor en moderación, ya que el cigarrillo y el alcohol le quitan el oxígeno a la piel y predisponen al organismo a trastornos como la celulitis.

Recuerda que el ejercicio es vital para prevenir o luchar contra la celulitis porque controla las grasas e impide que éstas se depositen en el cuerpo. Decídete a combatirla y ¡hazle la guerra a la celulitis!

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miércoles, enero 10, 2007

Los obesos son más propensos a la depresión

La ciencia está a punto de desmontar otro mito: la famosa curva de la felicidad no es tal. Al parecer, su trayectoria se parece más a la de una empinada cuesta hacia la depresión. Así se desprende de un estudio publicado por la revista científica Archives of General Psychiatry basado en una encuesta entre 9.000 personas.

La investigación afirma que los desórdenes relacionados con la ansiedad, los trastornos obsesivos y la depresión son mucho más comunes –hasta un 25%– entre los obesos que entre las personas atléticas y delgadas.

No hablamos de cánones de belleza impuestos por las industrias de la moda y del espectáculo; el tema es más serio y tiene que ver con la salud mental de las personas. Mucho se ha debatido acerca de la obesidad como causa o resultado de diversos problemas mentales. El estudio no entra de lleno en esta cuestión, pero diversas teorías avalan las dos visiones: por un lado se sabe que en muchas ocasiones los medicamentos antidepresivos provocan un aumento de peso que se suma al causado por el sedentarismo asociado a la depresión. Por otro, es indudable que en la sociedad actual el exceso de kilos puede llegar a convertirse en un terrible estigma: los gorditos son menospreciados y convertidos en objetos de burla en muchos programas de televisión… y en la vida real.

Productos de nuestra imaginación

Wayne Fenton, del Instituto Nacional de Medicina Mental de EEUU, principal patrocinador de la investigación, sugiere, en declaraciones al diario USA Today, que “el estereotipo cultural del obeso jovial es más un producto de nuestra imaginación que una realidad”. Un tercio de los adultos estadounidenses es obeso y la depresión afecta a cerca de 21 millones de ciudadanos de aquel país, lo que equivale aproximadamente a una décima parte de la población.

La vinculación entre obesidad y depresión se ha buscado desde hace tiempo en el campo de la medicina, pero hasta ahora las investigaciones habían fallado a la hora de encontrar el nexo de unión. Parece que este estudio logra superar esta laguna, o al menos así lo cree Susan McElroy, profesora de la Universidad de Cincinnati (Ohio), que cree que “confirma que, de hecho, existe una relación” entre los dos elementos.

Para realizar el estudio, el equipo comandado por Gregory Simon, investigador del Group Health Cooperative de Seattle (Washington), realizó una encuesta nacional entre 9.125 adultos cuyo estado mental fue evaluado a través de diversas entrevistas. El nivel de obesidad se determinó usando los datos proporcionados por los propios participantes.

Los resultados reflejaban una demoledora estadística: un 25% de los encuestados resultó ser obeso y de esta cuarta parte, un 22% declaró haber padecido algún trastorno de la personalidad, incluyendo la depresión. Ese porcentaje descendía en el caso de las personas no obesas hasta el 18%. Como no todo puede ser negativo, el estudio también refleja, según McElroy, que el abuso del alcohol o de otras sustancias es menos común entre los obesos. La dopamina, activada en el cerebro ante estímulos considerados positivos –sean éstos un buen plato de comida o una descomunal melopea- parece ser la responsable de esta excepción.

Saludos Cordiales

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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viernes, diciembre 22, 2006

Los microbios intestinales podrían influir en la propensión a la obesidad




Madrid, 21 diciembre 2006 (azprensa.com)

Los microbios que habitan los intestinos humanos podrían influir en la propensión a la obesidad, según dos estudios de las Universidades de Washington y Cincinnati (Estados Unidos) que se publican en la revista 'Nature'. El descubrimiento, realizado en ratones, podría tener implicaciones para el tratamiento de las personas obesas.

Los intestinos albergan dos grupos dominantes de bacterias beneficiosas, las 'Bacteroidetes' y las 'Firmicutes', que ayudan al organismo a descomponer los alimentos. Los resultados del estudio muestran que la proporción relativa de 'Bacteroidetes' se encuentra en bajos niveles en los obesos en comparación con las personas delgadas.

Según los investigadores, la proporción aumenta a medida que se pierde peso con las dietas bajas en calorías. El descubrimiento sugiere que la obesidad tiene un componente microbiano y un segundo estudio de los mismos autores señala una posible explicación para ello.

Según los autores, los microbios de las tripas en los ratones obesos retienen mejor las calorías de la comida que aquellos que se encuentran en los animales delgados de su misma camada. Y el efecto es transmisible, cuando los "microbios obesos" son trasplantados a ratones libres de gérmenes su grasa corporal total aumenta más que cuando se les trasplantan "microbios delgados".

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domingo, diciembre 17, 2006

Una revisión sistemática Relación entre el consumo de bebidas azucaradas y el aumento de peso

(Comentario y resumen objetivo: Dra. Marta Papponetti) -

En las 2 décadas pasadas, en Estados Unidos y en la mayor parte del mundo, la obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en todo el mundo hay mil millones de adultos con sobrepeso y un índice de masa corporal (IMC: kg/m2) mayor de 25. De éstos, unos 300 millones son considerados obesos (IMC > 30). Solo en Estados Unidos se calcula que existen casi 130 millones de personas, o 64% de la población entre 20 y 74 años. El 30% de los 130 millones se considera obeso. El sobrepeso y la obesidad se asocian con numerosas comorbilidades de gran importancia para la salud pública, como la hipertensión, la enfermedad cardiovascular, la diabetes, la depresión y los cánceres de mama, endometrio, colon y próstata. La disminución de la productividad y la calidad de vida que resultan del sobrepeso y la obesidad están relacionados con mayores costos médicos, psicológicos y sociales.

Aunque la obesidad deriva de un desequilibrio de la homeostasis energética, no se conocen cuáles son los verdaderos mecanismos que intervienen en este proceso y cuáles son las estrategias eficaces para su prevención y tratamiento. En general, la obesidad refleja interacciones genéticas, metabólicas, culturales, ambientales, socioeconómicas y conductuales complejas. Una encuesta estadounidense reveló que en los 20 años últimos aumentó el consumo de hidratos de carbono, sobre todo provenientes del agregado de azúcares. Entre 1977 y 1996, la proporción de energía derivada del consumo calórico de edulcorantes calóricos aumentó del 13,1 al 16% (un aumento del 22%), y entre 1994 y 1996, más del 30% de los hidratos de carbono consumidos en Estados Unidos por personas mayores de 2 años se obtuvo de los edulcorantes calóricos. Como resultado, dicen los autores, la Dietary Guidelines for Americans (Guía dietética para americanos) de 2000 y 2005 aconsejaba al público elegir bebidas y alimentos con agregados azucarados mientras que la OMS ha comunicado que los azúcares agregados no ofrecen más del 10% de la energía de la dieta.

En la actualidad, se calcula que la ingesta media de azúcar agregado por americano corresponde al 15,8% de la energía total y que la fuente más importante de esos azúcares agregados es la bebida sin alcohol no dietética, correspondiente al 47% del total de azúcares agregados en la dieta. Estos datos están avalados por reconocidas instituciones internacionales. El término bebida “soft” (“blandas” o sin alcohol) comprende las sodas junto con otras bebidas azucaradas como los jugos de frutas, limonada y té frío. El término “soda” comprende las bebidas carbonatadas endulzadas con azúcar como las bebidas cola. Se ha demostrado que el consumo de estas bebidas aumentó el 135% entre 1977 y 2001. Se ha calculado que durante ese período, el consumo diario de calorías del azúcar aumentó 83 Kcal/persona, con 54 Kcal/día provenientes de la soda.

En Estados Unidos, informan los autores, se calcula que una soda provee 150 Kcal o 40-50 g de azúcar en forma de jarabe con alto contenido de fructosa, equivalente a 10 cucharadas de té de azúcar de mesa. Si se agregan esas calorías a la dieta típica estadounidense sin reducir otras fuentes de azúcar, la soda puede provocar un aumento de peso de 6,75 kg en 1 año.

Paralelo al consumo de soda está el consumo de bebidas de frutas y frutadas (hechas con el agregado de agua a polvo o cristales), las cuales tienen un endulzamiento similar y suelen ser consumidas en grandes cantidades por adolescentes y adultos jóvenes. En los últimos 20 años, el consumo de soda y bebidas frutadas integra, en Estados Unidos, el 81% del aumento de la ingesta calórica proveniente del azúcar.

Por otra parte, el mayor consumo de jarabe de fructosa utilizado para endulzar las bebidas en Estados Unidos, es el responsable del crecimiento dela obesidad epidémica. Se ha sugerido que la ingesta de bebidas azucaradas puede promover el aumento de peso y la obesidad por aumento del consumo energético general. Varios estudios evaluaron la relación entre la ingesta de bebidas azucaradas y la obesidad y el aumento de peso, pero los resultados son discrepantes y hacen difícil aseverar la existencia de una relación directa.

Objetivo

Esta revisión examina en forma crítica la evidencia actual entre la asociación entre el consumo de bebidas azucaradas y el aumento de peso y la obesidad.

Material y métodos

Los investigadores buscaron publicaciones en idioma inglés en MEDLINE, desde 1996 hasta mayor de 2005, que fuesen de sección cruzada, cohorte, prospectivas y experimentales, que trataran sobre la relación entre las bebidas azucaradas y el riesgo de aumento de peso (sobrepeso, obesidad, o ambos).

Se seleccionaron 33 publicaciones (16 de sección cruzada, 10 prospectivas y 5 experimentales), teniendo en cuenta la importancia y la calidad del diseño y los métodos.

Resultados

Los hallazgos de los estudios de sección cruzada, junto con los estudios de cohorte prospectivos con períodos de seguimiento prolongados, muestran una asociación positiva entre el mayor consumo de bebidas azucaradas y el aumento de peso y la obesidad, tanto en niños como en adultos. Los trabajos a corto plazo sobre alimentación en adultos también demuestran una inducción del balance energético positivo y aumento de peso por el consumo de sodas azucaradas, aunque este tipo de estudios no es numeroso. Doce meses después de una intervención realizada en escolares comprobó un consumo de bebidas sin alcohol y de obesidad y sobrepeso menos significativos que en el grupo control; un estudio controlado aleatorizado de 25 semanas realizado recientemente en adolescentes comprobó también una relación entre el consumo de bebidas azucaradas y el peso corporal. La importancia de la evidencia epidemiológica y experimental indica que el mayor consumo de bebidas edulcoradas con azúcar se asocia con aumento de peso y obesidad. Aunque se requiere más investigación, la evidencia existente es suficiente como para aplicar estrategias de salud pública que desalienten el consumo de bebidas azucaradas como parte de un estilo de vida saludable.

Discusión

La mayoría de los estudios de sección cruzada, en especial los más grandes, comprobaron una asociación positiva entre el consumo de bebidas azucaradas y el peso corporal. Tres estudios prospectivos que incluyeron mediciones repetidas tanto de las bebidas sin alcohol como el peso comprobaron que un aumento en el consumo de bebidas sin alcohol azucaradas se asoció significativamente con mayor ganancia de peso y mayor riesgo de obesidad, tanto en niños como en adultos. Un estudio de intervención realizada durante 1 años comprobó que la reducción del consumo de bebidas azucaradas en escolares se acompañó de una reducción significativa de la prevalencia de sobrepeso y obesidad, y otro estudio realizado durante 25 semanas en adolescentes comprobó que una reducción en el consumo de bebidas edulcoradas con azúcar tuvo una estrecha relación con el IMC. “A pesar de haber comprobado una relación positiva entre el consumo de bebidas sin alcohol azucaradas y el peso corporal,” dicen los autores, “otros investigadores han sugerido que dicha relación no existe.” Muchos estudios basados en la Continuing Survey of Food Intake for Individuals (CSFII) 1994–1996 y 1998 y el NHANES III (1988 –1994) no hallaron asociaciones significativas entre el consumo de soda o jugos de fruta y el IMC en niños y adolescentes estadounidenses. Sin embargo, los datos de ambas encuestas indican una asociación levemente positiva entre el consumo de soda y el IMC y una asociación levemente inversa entre el consumo de jugos de fruta y el IMC. De todos modos, la interpretación de estos hallazgos, dicen los autores, debido a que los estudios fueron de sección cruzada y relativamente pequeños y realizados en niños y adolescentes, considerados grupos en los que es difícil evaluar la dieta y el peso. Un análisis de riesgo reciente basado en los datos de CSFII, NHANES III, y el National Family Opinion
(NFO) World Group Share of Intake Panel (SIP) evaluó la relación entre el consumo de bebidas sin alcohol de las máquinas expendedoras de la escuela y el sobrepeso de los adolescentes. Se demostró que el retiro de dichas máquinas de la escuela conteniendo bebidas sin alcohol carbonatadas no afectó el IMC. Esta circunstancia es atribuida por los autores de esos trabajos a que el consumo de soda de las máquinas expendedoras de los colegios es una fracción pequeña del consumo total de bebidas sin alcohol y la relación entre el consumo de bebidas sin alcohol y el IMC no es tan importante en la población en estudio.

En general, dicen los autores, “los resultados de nuestra revisión avalan una relación entre el consumo de bebidas sin alcohol azucaradas y los riesgos de sobrepeso y obesidad.” Sin embargo, agregan, “la interpretación de los estudios publicados es complicada debido a los métodos diversos de estudio, como el tamaño pequeño de las muestras y la duración corta del seguimiento, los métodos utilizados por la evaluación de la dieta y a falta de mediciones repetidas y otros factores de error provenientes de los cambios voluntarios en la dieta y el estilo de vida, por razones de adelgazamiento u otras. Es importante controlar las variables que puede conducir a error, como el control del peso basal, el tabaquismo y el uso de alcohol, las modalidades de alimentación, (carnes rojas, papas fritas, carnes procesadas, dulces y comidas rápidas o “chatarra”) y las actividades físicas.

Mecanismos biológicos

Los estudios experimentales son una alternativa de los trabajos con dietas de larga duración, los que, si bien son ideales, son costosos y no tienen la adherencia debida de todos los participantes.

La evidencia existente indica que el aumento de peso se produce más por el consumo de energía que aportan los alimentos líquidos que los sólidos, debido al poder de saciedad bajo que poseen los líquidos. Por otra parte, se ha demostrado que cuando las personas aumentan el consumo de carbohidratos líquidos no disminuyen el consumo de alimentos sólidos. La comparación de bebidas edulcoradas en forma artificial con las edulcoradas con azúcares calóricos dio resultados similares. De acuerdo con los resultados de algunos trabajos, los sujetos que consumen bebidas con azúcar calórico no lo compensan con la reducción del consumo de otras bebidas o alimentos, y por lo tanto, aumentan de peso. Los mismos resultados se observaron en niños preescolares. Estos datos también sustentan la observación de ciertos estudios prospectivos de cohorte que el consumo de soda dietética se asocia en forma negativa con el consumo de energía y el peso, mientras que la ingesta de bebidas azucaradas se asocia positivamente con el ingreso de energía y el peso. Pero, otros autores han obtenido datos contradictorios. La evaluación del consumo de bebida soda, ingesta energética y peso es compleja, porque para algunas personas el consumo de bebidas con calorías reducidas puede servir como justificativo para el consumo de un exceso calórico de fuentes alimentarias.

Los estudios que evalúan los efectos de las bebidas edulcoradas calóricas y no calóricas sobre el hambre y el apetito dan resultados conflictivos. Algunos estudios experimentales comprobaron que el consumo de edulcorantes no calóricos no aumentan el hambre ni la ingesta de alimentos, mientras que el consumo de edulcorantes calóricos sí lo hace, lo cual implica que los participantes no compensan el déficit energético que resulta del consumo de edulcorantes no calóricos en lugar de los edulcorantes calóricos. Estos estudios también demostraron que el consumo de bebidas con edulcorantes calóricos generó mayor consumo energético que el consumo de bebidas con edulcorantes artificiales. Por el contrario, otras han comprobado que el reemplazo de bebidas endulzadas con edulcorantes ratifícales no afecta el ingreso total de energía y puede, en realidad, haber aumentado la ingesta energética posterior. Estos estudios han demostrado que el apetito y el hambre no difieren con el tipo de edulcorante consumido y que los participantes compensaron el déficit de energía resultante del reemplazo de edulcorantes calóricos por edulcorantes artificiales. Por otra parte, algunos resultados indican que el sabor de los azúcares calóricos y ratifícales aumentan la sensación de hambre y la ingesta calórica, con la posterior ganancia de peso. Pero, estos datos requieren mayor estudio.

A partir de un estudio reciente en ratones se cree que la fructosa y la sucrosa (utilizada en Europa) no son intercambiables, porque la primera también contiene una fracción de glucosa. Se ha postulado que la fructosa provoca mayor aumento de peso y resistencia a la insulina por la elevación de los triacilgliceroles plasmáticos y el descenso posterior de la producción de insulina y leptina en los tejidos periféricos, disminuyendo de este modo las señales al sistema nervioso central de la insulina y la leptina. Sin embargo, dicen, la composición del azúcar del jarabe de fructosa y sucrosa, con calorías similares; no difiere en forma notoria. Se requieren más estudio para establecer si el jarabe de fructosa que se agrega a las bebidas es más negativo para el aumento de peso que los otros azúcares.

Diabetes y otras consecuencias sobre la salud

Además de su papel potencial en el aumento de peso, el consumo de soda con edulcorante calórico puede aumentar el riesgo de diabetes de tipo 2. Se cree que esta asociación está mediada en parte por la cantidad elevada de carbohidratos de absorción rápida como el jarabe de fructosa que se halla en la soda que se consume en Estados Unidos, y la absorción de esos carbohidratos tiene un efecto sobre la glucemia similar al de la sucrosa. Aunque cada bebida tiene un índice glucémico moderado, su consumo elevado contribuye a la hiperglucemia.

Algunos estudios sugieren que los biomarcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y la haptoglobina pueden estar asociados con el riesgo de diabetes y pueden estar compuestos por la ingesta de carbohidratos de digestión y absorción rápidas. También se ha comprobado que las bebidas sin alcohol que contienen colorante acaramelado son ricas en productos de degradación finales de la glucación, lo que puede aumentar la resistencia a la insulina y la inflamación: sin embargo, estos hallazgos no se repitieron en los estudios con soda dietética.

Reciente hallazgos de un estudio de cohorte prospectivo también señalaron que el consumo de bebidas sin alcohol azucaradas puede estar asociado con mayor riesgo de cáncer pancreático, en particular en mujeres con un IMC elevado o poca actividad física y resistencia a la insulina.

El consumo de bebidas sin alcohol también se ha relacionado con otras consecuencias sobre la salud, sobre todo en niños y adolescentes. El consumo de cafeína de la soda (10-16 mg/100 mg) puede aumentar la presión arterial en adolescentes, sobre todo con antecedentes afroamericanos, aumentando así el riesgo de hipertensión, aunque la presión arterial de esta población de adolescentes también puede estar afectada por su hábito dietético y estilo de vida, en la cual el consumo de bebidas cafeinadas es un marcador. A pesar de que algunos estudios sostienen que el consumo regular de café puede reducir el riesgo de diabetes, los beneficios del café están más relacionados con componentes del café como el ácido clorogénico y el magnesio que con la cafeína, derivado de la observación que tanto el café común como el descafeinado disminuyen el riesgo de diabetes.

Otras desventajas del consumo de bebidas con edulcorantes calóricos, en especial en niños y adolescentes, es el desplazamiento del consumo de lecho y otros nutrientes. Sin embargo, otros estudios han comprobado que el consumo de azúcares agregados como en la soda y jugos frutales tiene un efecto despreciable sobre la calidad de la dieta general. Varios estudios demostraron que el consumo de bebidas cola se asocia negativamente con la densidad mineral ósea y positivamente con las fracturas de hueso. Se ha interpretado que existe la mediación de un alto contenido de fosfato en las bebidas cola, lo cual produce un cambio en la relación calcio:fósforo de la dieta que lleva a un efecto deletéreo en el hueso. De todos modos, hay otros estudios que contradicen estos resultados. También se ha relacionado el consumo de estas bebidas con riesgo de caries dentales por erosión del esmalte, aunque el estudio NHANES III no lo comprobó.

Jugos de frutas

Los jugos de fruta, como el de manzana, de alto consumo entre niños y adolescentes, también ha sido responsabilizado de generar sobrepeso y obesidad, quizá por su contenido de fructosa. Otros estudios sostienen que el consumo de estos jugos no influye sobre el peso corporal.

Conclusiones

El consumo de bebidas con edulcorantes calóricos ha aumentado enormemente en las últimas décadas, acompañado por un aumento paralelo de la prevalencia de sobrepeso y obesidad en Estados Unidos. En la actualidad, las bebidas sin alcohol, azucaradas, contribuyen con el 8 a 9% del consumo energético total en niños y adultos. Aunque siempre se ha sospechado que estas bebidas contribuyen en parte con la obesidad epidémica, solo en años recientes se han realizado estudios epidemiológicos grandes para investigar la relación entre el consumo de bebidas sin alcohol y el aumento de peso a largo plazo.

En esta revisión sistemática, los hallazgos de varios estudios de sección cruzada importantes, estudios prospectivos de cohorte con seguimiento prolongado y mediciones repetidas de la dieta y el peso, un estudio con intervención en escolares sobre el consumo de soda y un trabajo aleatorizado y controlado que evaluó el efecto de la reducción del consumo de bebidas azucaradas han brindado muchas evidencia del papel independiente que tienen las bebidas con edulcorantes calóricos, en particular la soda, en la promoción del sobrepeso y la obesidad en niños y adolescentes.

Estudios prospectivos de cohorte también demostraron la misma asociación en adultos. Sin embargo, los autores sostienen que se requieren más investigaciones para confirmar todos estos datos. Se ha sugerido que el jarabe de fructosa utilizado para edulcorar las bebidas puede favorecer el riesgo de adiposidad y diabetes.

Las bebidas edulcoradas, en particular la soda, tienen pocos beneficios nutricionales y aumentan el riesgo de sobrepeso y diabetes, fracturas y caries dentales. Dadas que las tasas globales de incidencia de sobrepeso y obesidad en niños y adolescentes van en aumento, es imperativo aplicar estrategias de salud pública, como la educación sobre la ingesta de bebidas.

Es necesario desalentar el consumo de bebidas sin alcohol con edulcorantes calóricos, como la soda y los jugos de fruta, y esforzarse por promover el consumo de otras bebidas como agua, leche descremada y jugos de fruta en pequeñas cantidades.




Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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sábado, diciembre 02, 2006

Dormir para adelgazar

Diversos estudios ponen de manifiesto la existencia de un neurotransmisor clave en la regulación de sueño y del apetito

La obesidad es la epidemia del siglo XXI; mil millones de personas en el mundo tienen un peso superior al recomendable y es evidente que no se trata tan sólo de una cuestión estética sino que incide directamente en la salud y en la calidad de vida. Comer menos y hacer más ejercicio ayudan a mantener el peso pero lo que no se sabía es que dormir más podría ser una buena manera de luchar contra la obesidad

Pasamos una tercera parte de nuestra vida durmiendo y descansar bien es importante para gozar de buena salud. Comer y dormir son hechos fundamentales en nuestra vida que, actualmente en las sociedades occidentales, están fuera de control: cada vez dormimos menos y comemos más. El número de horas de promedio de sueño ha disminuido desde las ocho o nueve que se invertían en 1960 a menos de siete en la actualidad. Se impone la idea de que en una sociedad apresurada como la nuestra, el dormir es una pérdida de tiempo y que hay mejores formas de aprovecharlo.

Los mecanismos biológicos del apetito y del sueño

De forma paralela, la gradual reducción en las horas de sueño ha ido paralela a un progresivo incremento de peso, por lo que investigadores expertos en el tema de la obesidad, se han preguntado acerca de si el hecho de que cada vez durmamos menos puede tener alguna relación con que cada vez estemos más gruesos. La idea no es tan descabellada como pueda parecer a primera vista ya que resulta verosímil que existan mecanismos biológicos cerebrales que interconecten y controlen ambas cosas.

En términos evolutivos, la relación entre sueño y apetito es vital. Un ratón debe comer para permanecer vivo y estar despierto para huir, por lo que se necesita un mecanismo que reconozca que los niveles de energía están bajos y le despierte para encontrar comida. Posiblemente los humanos tengamos un sistema de control similar, como cuando nuestros ancestros luchaban contra el hambre y algo les mantenía alerta, impulsándoles a buscar comida. Pero ahora, hay algo que nos mantiene más horas despiertos y que se introduce en nuestro cerebro impulsándonos a buscar en el refrigerador calorías extras que no podremos quemar.


Dormir para adelgazar

Los niños que duermen poco desde los tres años, tienen más probabilidad de sobrepeso a los siete En una publicación reciente, la revista Nature recoge las últimas investigaciones relevantes sobre la correlación entre dormir poco y el sobrepeso. Uno de los trabajos, efectuado en la Universidad de Columbia (Nueva York), estudió la relación entre el hábito de sueño y el índice de masa corporal de 9.500 personas. Los datos revelan que los individuos que dormían menos (una media de cinco horas), eran un 60% más obesos que los que dormían siete horas o más (corrigiendo otros factores que podían estar implicados como el tabaco o la actividad física, entre otros). Otra investigación realizada con niños (Reino Unido) pone de manifiesto que aquellos que dormían menos de lo necesario desde los 3 años, tenían más probabilidad de padecer sobrepeso a los 7 (también tras corregir factores como el sobrepeso en los padres o el tiempo que pasaban viendo la televisión).

¿Por qué las personas obesas duermen menos? ¿Es una causa o una consecuencia? Podría ser que los obesos durmieran menos precisamente porque al tener sobrepeso no gozan de buena salud y esto les impide descansar bien o quizás lo que ocurre es que, al no dormir bien, cansados e irritables, pierdan la motivación de comer saludablemente o hacer ejercicio. Seguramente estas cuestiones pueden jugar un papel pero es probable que haya otros motivos más profundos.

Eve Van Cauter, de la Universidad de Chicago (Illinois), lleva a cabo investigaciones sobre los efectos que tiene la deprivación del sueño en los niveles hormonales. En uno de sus trabajos, 12 hombres jóvenes fueron sometidos a una privación de sueño permitiéndoles dormir sólo cuatro horas por noche durante dos días consecutivos. Se determinaron los niveles hormonales de leptina, hormona relacionada con las células grasas y las señales de saciedad, y la grelina, producida por el estómago para alertar del apetito. Los resultados obtenidos se compararon con los niveles de individuos sanos que habían dormido nueve horas cada noche. Tras la privación, los niveles de leptina habían aumentado en un 18% y los de grelina en un 28%. Al mismo tiempo, manifestaron estar hambrientos y les apetecían más los hidratos de carbono (como galletas, pan y pasteles, entre otros) que las frutas, verduras y proteínas.

A pesar de que todos los estudios realizados hasta ahora llegan a la misma conclusión, todavía no está claro cuál es el mecanismo celular y molecular que provoca estos cambios. Los investigadores creen que hay superposiciones entre los sistemas cerebrales que regulan el apetito y los que regulan el sueño; el foco de atención se centra en unas células del hipotálamo y en concreto en una de las proteínas que producen, la orexina, que parece tener un papel clave.


LA OREXINA, REGULADOR DEL SUEÑO Y DEL APETITO
Marinela Sotoncic

El neurotransmisor orexina, también llamada hipocretina, fue descubierto simultáneamente por dos grupos de investigadores en 1998 y estudios posteriores han demostrado su papel en la regulación del sueño y la vigilia, así como en el apetito. Actualmente la investigación se centra en la forma en la que la orexina está implicada en la deprivación del sueño y la obesidad. Una de las ideas es que la falta de sueño interfiere en el ritmo circadiano normal del hipotálamo, estimulando la actividad de las neuronas orexinicas. Se postula que esto puede afectar a su vez la producción de leptina, grelina y quizás otras hormonas que controlan el apetito.
Un estudio realizado en la Universidad de Yale (EE.UU.) encontró que las neuronas orexinicas tienen un umbral de activación bajo y que la falta de comida durante la noche activa la formación de nuevas sinapsis que las estimula, como en un intento de buscar y conseguir comida. Los autores sugieren que estas neuronas también se estimulan fácilmente con el estrés.

Por otra parte, una investigación coordinada por Denis Burdakov de la Faculty of Life Sciences de Manchester (Reino Unido) corrobora el papel de la orexina en la regulación del sueño, haciendo hincapié en la función de la siesta. Los resultados publicados en Neuron demuestran cómo la glucosa bloquea a las neuronas que producen orexina, explicando en parte el porqué nos sentimos somnolientos después de las comidas y porqué es difícil dormir cuando se está hambriento. Según los expertos, el malfuncionamiento de las neuronas de orexina podría conducir a trastornos del patrón de sueño y a desórdenes alimentarios.

Estudios anatómicos también revelan que las neuronas de orexina se encuentran en regiones cerebrales asociadas a los circuitos de placer y recompensa. Recientemente se ha dado un nuevo protagonismo a este neurotransmisor gracias a una investigación del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.) que demuestra el papel de la orexina en la búsqueda de recompensa y la adicción a las drogas. Estos descubrimientos proporcionan una nueva fuente para desarrollar fármacos que traten trastornos del proceso de recompensa, como la adicción a las drogas, al alcohol y al tabaco.

Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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domingo, noviembre 05, 2006

Dietas polémicas: ahora dicen que con comer bien no alcanza

En las últimas semanas, la divulgación de estudios que tienen que ver con la cantidad y tipo de grasas en las dietas instalaron polémicas que lejos de disiparse, se acentúan.
La primera investigación, de la Universidad de Washington, en relación con las dietas hipocalóricas (muy bajas en calorías) y anunciaba como conclusión que comer poco y sano retrasaría el envejecimiento. La segunda, del Instituto Nacional del Corazón, Pulmón y Sangre de los Estados Unidos, involucraba a las grasas, especialmente a las saturadas de origen animal. De ellas se decía que evitar consumirlas en grandes cantidades no ayudaría (como siempre se creyó) a proteger a las mujeres de infartos, derrames cerebrales, cáncer de mama o colon.

Y estalló la polémica. Bajas calorías sí, bajas calorías no. Grasas sí, grasas no. Lo mejor, como en toda buena receta, es ir por partes. "Sostenidas a largo plazo, las dietas hipocalóricas no aportan la suficiente cantidad de minerales, entre otros elementos esenciales, que el cuerpo necesita. Se tiene que hacer un seguimiento muy estricto y evaluar los riesgos. Pueden producir hipoglucemia (bajar la glucosa, azúcar imprescindible para el organismo) o desencadenar problemas cardíacos", explica Horacio Orlando, cardiólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (SAOTA).

"A mí no deja de llamarme la atención que estudios como el de las grasas y su relación con lo cardiovascular o el cáncer, aparezcan ahora, cuando existe un ataque con justa razón a la comida chatarra, que es alta en grasas. Las empresas que la comercializan están siendo bombardeadas y decir que esas grasas no serían tan responsables de la aparición de cáncer o problemas cardiovasculares, las haría menos responsables en una instancia legal", comenta Daniel De Girolami, presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición. "Independientemente de ese tema, está demostrado que la dietas altas en grasas influyen en la propagación de la obesidad en el mundo. Y que guardan relación, además con el cáncer y con problemas cardiovasculares", agrega.

En medio de la polémica se intenta, además, cambiar un viejo refrán que parecía intocable: "Somos lo que comemos". En su edición del martes, el diario The New York Times afirma: "Tal vez, usted no es lo que come". A través de varios ejemplos se muestra que la preocupación sobre qué conviene comer estuvo instalada en distintas épocas y que los antecedentes se pueden rastrear incluso en los comienzos del siglo XIX. Pero que al parecer, lo que uno come no es lo más importante.


¿En qué quedamos? "El tema es que ahora no sólo somos lo que comemos sino también lo que hacemos con lo que comemos. Para estar sanos, no sólo hay que tener en cuenta el tipo y cantidad de alimento sino el estilo de vida que uno lleva. Para prevenir la obesidad, no basta con cerrar la boca sino que también hay que mover un poco más los pies", advierte Sergio Britos, del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI) .

Actividad física

Los profesionales consultados coinciden en que para que la dieta influya favorablemente en la salud tiene que estar enmarcada en un estilo de vida apropiado. Quiere decir que no basta con comer en forma variada y equilibrada —aumentando la cantidad de frutas y verduras y bajando las grasas saturadas— sino que, además, hay que acompañar esa conducta con actividad física (caminatas sino puede hacer actividad física más intensa) y con hábitos saludables en general. Algunos de ellos: no fumar, evitar el estrés (especialmente el laboral) y tener una vida social activa.

http://www.intramed.net/

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lunes, octubre 23, 2006

La fibra previene el riesgo de obesidad

Aquellas personas que incluyen un mayor consumo de fibra en su dieta tienen menos riesgo de ganar peso y, por extensión, de padecer obesidad. Así lo indica un estudio realizado por especialistas de la Universidad de Navarra.

Según la investigación, que se enmarca en el Proyecto SUN de la Facultad de Medicina del citado centro docente, se ha demostrado que la fibra “impide el desarrollo de resistencia a la insulina, un hecho clave en la obesidad”, como explicó el director del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la universidad e investigador del proyecto, Miguel Ángel Martínez-González.

Publicada recientemente en la revista estadounidense Nutrition, la investigación se realizó durante cinco años sobre una muestra de 11.000 participantes, y se tuvo en cuenta, entre otros factores, la dieta, la actividad física durante el tiempo de ocio, el consumo energético total, el tabaco y el cambio de peso.

Las conclusiones del estudio apuntan a que los alimentos que aportan mayor cantidad de fibra son las frutas y las verduras, especialmente las naranjas, manzanas, zanahorias, lechugas, espinacas, acelgas y guisantes. “Esto evidencia que los elementos tradicionales de la dieta mediterránea resultan una eficaz arma para combatir la creciente epidemia de obesidad”, explicó Martínez-González.

Además, la investigación señala que el consumo de fibra es mayor entre las personas de mayor edad, las que realizan más ejercicio físico, los no fumadores y los que no comen entre horas. Por su parte, las mujeres consumen más frutas y verduras que los hombres, lo que puede estar relacionado con que el 38 por ciento de los hombres estudiados experimentara un incremento de su peso de al menos 3 kilos durante el estudio, frente al 29 por ciento registrado entre las féminas


Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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martes, octubre 17, 2006

Consumir margarina y aceites vegetales puede causar obesidad

Científicos del centro médico de la Universidad Wake Forest afirman que consumir margarina y aceites vegetales fabricados a partir de grasas trans, causa exceso de peso y obesidad.

El estudio encontró que la grasa se concentró principalmente alrededor de la cintura, además el consumo no corresponde con la cantidad de calorías ingeridas.

Las grasas trans son las que surgen del proceso industrial de hidrogenación por el que pasan las vegetales, cuyo resultante es un tipo de grasa que sólo en los Estados Unidos causa alrededor de 30 mil muertes por año.

Se encuentran en las margarinas, aceites vegetales utilizados en casa o en restaurantes para cocinar, freír y hornear, en los productos comerciales horneados (donas, bollos, galletas), alimentos procesados y fritos.

Los investigadores alimentaron a un grupo de 51 monos con la misma cantidad diaria de calorías, pero a unos les dieron una dieta donde predominaban las grasas trans mientras que otros seguían una alimentación a base de grasas monoinsaturadas (como el aceite de oliva).

A los seis años comprobaron que el peso de los animales que habían comido más grasas trans había aumentado un 7.2 por ciento, frente al 1.8 por ciento que habían engordado los otros monos.

Todos estos kilos demás se acumularon en la zona del abdomen, de forma que los monos del grupo trans tenían un 35 por ciento más grasa en su abdomen que el resto.
“Nuestro estudio indica que las consecuencias de las grasas trans son peores de lo que creíamos”, señala el doctor Lawrence L. Rudel, profesor de patología y bioquímica.

Los resultados del trabajo que ha arrojado esta conclusión se han presentado en la 66 Reunión Científica anual de la Asociación Americana de Diabetes, que se celebra en Washington.

“Realmente estamos sorprendidos, la cantidad de calorías que dimos a los animales solo eran suficientes para mantener el peso estable, pero no para aumentarlo”, explica la doctora Kylie Kavanagh, una de las autoras del trabajo.

El equipo pensaba que “los monos nunca podrían llegar a ser obesos con esa cantidad de comida”.

El ocho por ciento de las calorías que recibieron procedían de las grasas trans o de las grasas monoinsaturadas.

Las grasas trans se encuentran en los aceites vegetales empleados por los restaurantes para cocinar, freír y hornear, en los productos comerciales horneados (donas, bollos, galletas...), alimentos procesados y fritos o margarinas.

“Con la salvedad de que los seis años en los monos equivalen a 20 años en los humanos, nuestro trabajo confirma que el consumo de grasas trans conlleva un aumento exagerado de peso”, argumenta la doctora Kavanagh.

Aterosclerosis. Uno de los objetivos de la investigación era evaluar el papel que juegan las grasas trans en la aterosclerosis y los datos muestran que son “un factor de riesgo importante” para desarrollar aterosclerosis (una patología que se caracteriza por la acumulación de placas en el interior de los vasos sanguíneos).

Asimismo, el aumento de peso provocado por las grasas trans incrementa el riesgo de sufrir diabetes. Como explica Kavanagh “en el mundo de la diabetes todos saben que pesar un cinco por ciento más o menos supone una enorme diferencia a la hora de desarrollar y tratar la enfermedad”.

Esta especialista indica que “los monos alimentados con grasas trans experimentaron cambios en el metabolismo relacionados con la glucosa y la insulina que se corresponden con las fases iniciales de la diabetes”.

Este estudio confirma las sospechas de que las grasas trans, incluso cuando se toman en una dieta controlada, conducen a obesidad abdominal y aumentan el riesgo de padecer diabetes y enfermedades del corazón.

Actualmente, se calcula que la dosis media de grasas trans en América del Norte y Europa es de unos 5.5 gramos, aunque puede llegar a rozar los 13 gramos diarios en casos concretos.

Lo ideal es evitarlas y eliminarlas después completamente.

Se sospecha que una acumulación de ácidos grasos trans en la dieta de la madre pueda influir en un peso menor del bebé al nacer, predisponiéndole a padecer enfermedades cardiovasculares.

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sábado, octubre 07, 2006

Dieta y salud Muchas golosinas y más fruta

Científicos estadounidenses han descubierto que la adicción a las golosinas puede preludiar una tendencia saludable al consumo de frutas, y están ensayando la posibilidad de reconvertir un mal hábito nutritivo en otro saludable. Según este estudio, los muy frugívoros prefieren consumir tentempiés dulces, mientras que los más partidarios de verduras, hortalizas y legumbres se inclinan por los snacks salados.

¿Más ideas para combatir la epidemia de diabetes y obesidad que se cierne en todo el planeta? Un grupo de expertos de la Cornell University (EEUU), dirigido por Brian Wansink, plantean en un artículo que publica la revista Appetite la hipótesis de que los adictos a las golosinas (cuyo síndrome ha sido bautizado como sweet tooth, diente dulce) son más proclives a consumir fruta que los no adictos. Esta circunstancia, especulan los expertos, podría usarse con la finalidad de «endulzar» el sabor de determinadas verduras, hortalizas o legumbres, a fin de garantizar una dieta equilibrada en quienes se distinguen precisamente por una ingestión desproporcionada de azúcares e hidratos de carbono.

Al decir de los especialistas, la clave no está tanto en el contenido energético de las golosinas como en su sabor dulce. Por lo que los vegetarianos que sienten mayor predilección por las frutas que por el resto de vegetales son también más propensos a «caer» en la tentación de un hábito de golosinas o chocolate. Wansink y su equipo investigaron a un total de 14.292 norteamericanos entre 1994 y 1996 para determinar si el consumo de golosinas se asociaba a un mayor consumo de fruta o de verduras y hortalizas. Ganó la fruta; asimismo, desvelaron que los muy frugívoros prefieren consumir tentempiés dulces, mientras que los más partidarios de verduras, hortalizas y legumbres se inclinan por los snacks salados.

Repercusiones dietéticas

Los dietistas se han mostrado poco o nada sorprendidos por el hallazgo, puesto que muchos emplean desde hace años una técnica de deshabituación de las golosinas que consiste en sustituir progresivamente las melazas y golosinas por mermeladas sin azúcar y el aderezo de azúcar en cereales o yogures por pasas, bayas o dátiles. La táctica, aseguran los dietistas estadounidenses, funciona casi a la perfección, si bien la ciencia no había nunca averiguado hasta hoy que si los azúcares y las frutas guardan tan cercano parentesco no es tanto por su contenido como por su sabor.

La paradoja está servida: los adictos a las golosinas son, al mismo tiempo, los responsables de que el consumo y también la producción de frutas no pare de crecer en todo el mundo. Sobre esto último, Asia acapara actualmente el 61% de la producción frutera, seguida de América del Sur y África. Europa y Norteamérica no suman juntas ni el 18%; por contra, son las regiones más consumidoras.

Predisposición genética

Por su parte, Robert Margolskee, de la Mount Sinai School of Medicine (Universidad de Nueva York), ha descubierto que la detección de sabores dulces o agrios por parte de los receptores de la lengua obedece a una codificación genética. «Ambos sabores», explica Margolskee, «han desempeñado un papel importantísimo en la evolución de los seres humanos, permitiendo a estos la identificación de fuentes ricas en azúcares (energía) y a evitar los alimentos de sabor agrio (potencialmente tóxicos)». Los científicos estudiaron a dos estirpes distintas de ratones de laboratorio: una que prefería abrevar en un contenedor de agua con azúcar y otra que mostraba predilección por el agua sin azúcar. En los ratones con tirada por lo dulce identificaron una mutación genética no presente en los ratones menos golosos que, por añadidura, es también responsable de la adicción a lo dulce.

AZÚCAR, AMOR Y ODIO

La percepción del sabor dulce inaugura el sentido del gusto en todo recién nacido, y con el tiempo pasa a asociarse retóricamente a conceptos de recompensa y placer. Muchos sinónimos del glosario amoroso guardan relación con lo dulce; no obstante, la adicción al azúcar está pasando factura de salud a una sociedad caracterizada por el goce instantáneo. La adicción al azúcar, sin ir más lejos, propicia que muchos hombres y mujeres basen hoy su dieta en un consumo reiterado de dulces, bebidas, helados, mermeladas, caramelos, gomas de mascar, entre otros.
Lejos de asimilar la adicción al azúcar a una drogaadicción o abuso de sustancias, los expertos en salud advierten de que el azúcar blanco contiene muy pocos nutrientes y sólo cuatro calorías por gramo. Los alimentos ricos en azúcar blanco sacian rápido y ofrecen poca cancha a la competencia de otros alimentos menos. Pero, además, los azúcares inhiben la capacidad de glóbulos blancos o leucocitos para hacer frente a contaminaciones bacterianas, por lo que un consumo regular y exagerado de dulces disminuye nuestro sistema defensivo y favorece la aparición de catarros, cistitis, vaginitis o forúnculos.

La adicción al azúcar duplica asimismo el riesgo de padecer diferentes tipos de cáncer: colon, mama, ovarios, próstata, riñón, sistema nervioso y páncreas; también aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y está directamente relacionado con la aparición de diabetes no dependiente de insulina en la etapa adulta. Mucho azúcar en la dieta acarrea problemas digestivos crónicos (malas digestiones), favorece la infección intestinal de hongos, bacterias y parásitos que, a su vez, estimulan una mayor ansia por consumir azúcares.

El consumo exagerado de azúcar también se asocia con problemas menstruales, caries dental, inflamación de las encías, cambios en el estado de ánimo (ansiedad y depresión), anemias y deficiencias nutricionales, obesidad, hipoglucemia (debido a que el páncreas debe secretar picos de insulina para mantener niveles constantes de azúcar en sangre), hiperactividad y dificultades de concentración tanto en niños como en adultos. En condiciones de abstinencia, el inveterado consumidor de dulces puede experimentar fatiga, ansiedad, irritabilidad, depresión, apatía, taquicardias e insomnio. Si se opta por eliminar todo azúcar de la dieta (cura drástica), conviene tener en cuenta que para asimilar la glucosa que el organismo necesita no basta con un régimen rico sólo en cereales integrales y verduras. Es preferible una cierta saciedad en cuanto a proteínas (pescado, lácteos, huevos, carne, legumbres o frutos secos), puesto que un déficit proteico puede recidivar el ansia por los dulces.






Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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lunes, octubre 02, 2006

Cómo achicar sus caderas

Los músculos exteriores de los muslos (los aductores de la cadera) generalmente están poco trabajados y son bastante débiles.

Ejercitarlos mediante la rutina adecuada, permite conseguir agilidad, mejor equilibrio, máximo desempeño... y muslos y caderas tonificadas.

En este ejercicio, se tratará de hacer trabajar los músculos mencionados mediante el levantamiento de bolsas con peso colocadas en los tobillos (tobilleras).

Lo esencial

· Repeticiones: de 8 a 12 levantamientos son considerados una "serie". Haga una a tres series con ambas piernas

· Sesiones por semana: dos a tres; permítase al menos un día de descanso entre entrenamientos.· Velocidad: 3 segundos para levantar, 1 segundo de pausa, 3 segundos para bajar.

· Peso: Si usted no puede hacer ocho repeticiones, el peso es demasiado. Cuando usted puede hacer 12 repeticiones fácilmente, el peso es insuficiente.

· Recuerde respirar correctamente.

Lo que no hay que hacer

· Inclinar su cuerpo hacia el lado opuesto a la pierna que está levantando.

· Levantar su pierna demasiado alto (más de 30 cm.)

· Apuntar los dedos de los pies hacia los lados o hacia adentro.

· Apoyarse en la parte de atrás de la silla con demasiada fuerza.

La posición

· Párese con la cabeza erguida.

· Mantenga los hombros relajados.

· Meta la panza.

· Apóyese en la parte de atrás de una silla.

· Coloque los pies separados (7 a 10 cm.), con los dedos de los pies apuntando hacia delante.

· Asegure bien las tobilleras, sin que estén demasiado apretadas.

El ejercicio

1. Levante lentamente su pierna derecha lateralmente.

2. Mantenga siempre los dedos del pie apuntando hacia adelante, y levante el pie hasta aproximadamente 20 a 25 cm. del suelo.

3. Sostenga, y entonces baje.

4. Repita con la otra pierna..

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martes, septiembre 26, 2006

Estudio afirma que mujeres "inhibidas" son más propensas a la obesidad

El Mercurio Online

SANTIAGO.- En situaciones de estrés prolongado, las mujeres que tienen un estilo emocional "inhibido" son más propensas a desarrollar obesidad, mientras que aquellas que son "desinhibidas" corren el riesgo de sufrir un cuadro de anorexia.

Así lo reflejan los resultados de un estudio realizado a 105 mujeres por expertos del Laboratorio de Neurociencia Afectiva y Psicopatología de la Universidad Mayor, publicado recientemente en la Revista Médica de Chile, que buscaba esclarecer el desarrollo de los trastornos alimenticios en mujeres vulnerables, es decir, aquellas que constantemente hacen algún tipo de dieta.

Según esta investigación, que se extendió por siete meses y estuvo dirigida por el psicobiólogo Jaime Silva Concha, el estilo emocional predispone al desarrollo de problemas alimenticios.

Es un hecho conocido que la ansiedad favorece el aumento del consumo de alimentos en ciertas personas, especial y paradójicamente en mujeres que están constantemente haciendo dietas. Según los expertos, esto se puede trasformar en un problema médico cuando el estrés es prolongado.

Así, de acuerdo a esta investigación, las mujeres que se someten a una dieta y que son "inhibidas" emocionalmente presentan una sobrealimentación muy pronunciada, que las hace propensas a sufrir problemas de obesidad.

Este estado es característico de personas que son muy sensibles al fracaso, tienen mucho temor a situaciones nuevas (especialmente sociales) y son muy cuidadosas para tomar decisiones.

Para sorpresa de los investigadores, se encontró otro fenómeno asociado muy revelador. Las mujeres que siguen un régimen alimenticio y que tienen un estilo emocional de "desinhibición" restringen su consumo de alimentos en situaciones que tienden a favorecerlo.

Este estilo afectivo desinhibido es característico de personas que buscan constantemente situaciones nuevas, que son muy competitivas y que tienden a enfrentar sus dificultades impulsivamente, es decir, sin grandes reflexiones.

De esta manera, según los encargados del estudio, en situaciones de estrés prolongado es probable que las personas con un estilo afectivo inhibido estén más propensas a desarrollar obesidad, mientras que aquellas con un estilo emocional desinhibido estén en riesgo de desarrollar anorexia.

Esta investigación de la Universidad Mayor es la primera de este tipo que se realiza en este grupo de personas en Chile y es considerada un importante avance para esclarecer el desarrollo de trastornos alimenticios en mujeres vulnerables, problemas cada vez más frecuentes en la población mundial.

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sábado, septiembre 09, 2006

El mundo está al borde de una pandemia de obesidad, según expertos internacionales

Se reducirá de forma significativa la esperanza de vida de las generaciones futuras y el impacto económico desbordará los sistemas sanitarios


Redacción, Madrid (5/09/2006).- Expertos reunidos en una Conferencia Internacional en Sidney (Australia) advirtieron que el mundo está al borde de una pandemia de obesidad que amenaza con abrumar a los sistemas sanitarios de muchos países con enfermedades como la diabetes y la insuficiencia cardiaca, además de reducir la esperanza de vida de las generaciones futuras.

"La obesidad es un azote internacional", aseguró el profesor Paul Zimmet, presidente del encuentro que ha reunido a más de 2.500 expertos y responsables sanitarios. Zimmet habló ante los delegados, en la inauguración del Congreso Internacional sobre la Obesidad.

"Esta pandemia peligrosa y progresiva de obesidad afecta actualmente el mundo entero", añadió Zimmet, experto australiano en diabetes. "Es una amenaza tan grande como el calentamiento global o la gripe aviar", aseguró.

Otros expertos estimaron que el coste de los problemas de salud derivados del sobrepeso es inconmensurable a nivel mundial y asciende a miles de millones de euros anuales en países como Australia, Reino Unido y Estados Unidos.

"No nos enfrentamos con un problema científico o médico, sino con un problema económico enorme que desbordará a todos los sistemas de salud del mundo", advirtió el profesor Philip James, presidente de una asociación mundial formada por organizaciones médicas para afrontar los problemas de la obesidad.

Entre los problemas más preocupantes se encuentran las tasas crecientes de obesidad entre los niños, que los hacen mucho más propensos a enfermedades crónicas a medida que crecen, y que podrían reducir su esperanza de vida, señalaron los expertos.

Los niños de esta generación podrían ser los primeros en la historia que mueren antes que sus padres, por problemas de salud relacionados con el peso, señaló la profesora Kate Steinbeck, experta en salud infantil del Hospital Royal Prince Alfred de Sydney.

La Organización Mundial de la Salud estima que más de 1.000 millones de adultos en todo el mundo tienen un peso excesivo y 300 millones son obesos, lo que les expone mucho más a enfermedades como la diabetes, problemas cardiacos, hipertensión arterial, infarto cerebral y algunas formas de cáncer. El número de personas desnutridas en el mundo, unos 600 millones, ha sido ya superado por el número de personas obesas, según Zimmet.

La población en los países ricos está a la cabeza mundial del consumo excesivo de alimentos y de la falta de actividad física necesaria, pero quienes residen en países desarrollados de América Latina, Asia y África aprenden rápido los malos hábitos, señalaron los delegados.

http://www.azprensa.com

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lunes, agosto 28, 2006

¿Obesos por células extraviadas?

Un grupo de científicos cree haber dado con un factor que explica el origen de la obesidad.

Según ellos, cada célula del cuerpo tiene un sentido de ubicación y una pérdida de este sentido puede llevar a que una persona se convierta en obesa.

Estos son los resultados preliminares de un equipo internacional de científicos, dirigidos por el Instituto de Salud Infantil del University College en Londres.

El foco de la investigación es la obesidad infantil asociada al llamado Síndrome Bardet-Biedl, o BBS, pero ellos creen que sus resultados pueden servir de base para entender mejor la patología de la obesidad.

Según aparece en la publicación Nature Genetics, los científicos creen que parte del problema tiene que ver con errores de transmisión en las células que habitan la parte del cerebro que controla el apetito.

Comunicación fallida

Al producirse esta falla en la comunicación de sus coordenadas, la célula pierde su sentido de ubicación normal y migra o se desplaza hacia donde no debe.

Al investigar el caso en un ratón con BBS, hallaron problemas en una especie de filamentos que se proyectan sobre las células, que en inglés se llaman cilia.

Estos filamentos son los que le comunican a cada célula en qué parte del cuerpo se encuentra ubicada.

Sin esta función, la célula se desorienta.

El doctor Bradley Yoda, de la Universidad de Alabama-Birmingham, en Estados Unidos, señaló que esta función "tiene un gran impacto en cómo se ubican las células, cómo se desplazan en un embrión y, en consecuencia, cómo se organiza el cuerpo entero".

Además de la obesidad, los niños que nacen con el síndrome BBS llegan a perder la vista y suelen sufrir de complicaciones renales.

http://news8.thdo.bbc.co.uk/




Saludos afectuosos

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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miércoles, agosto 23, 2006

La obesidad acrecienta el riesgo de sufrir demencia y Alzheimer

Los obesos tienen un mayor riesgo de sufrir de la enfermedad de Alzheimer y de desarrollar demencia en la tercera edad. Además tienen acrecentado el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y colesterol en exceso.

El Instituto Karolinska de Estocolmo, en Suecia, publicó en la edición digital de Archives of Neurology que un estudio demostró la relación entre el peso y las enfermedades demenciales.

Para llegar a esta conclusión estudiaron a participantes sobre factores de riesgo cardiovascular, envejecimiento y demencia. Así se comprobó que la masa corporal (IMC) tiene influencia en la enfermedad de Alzheimer, informó el diario Granada Digital.

El estudio retomó contacto con un grupo de personas que habían participado en estudios en 1972, 1977, 1982 o 1987. Luego de un seguimiento de 21 años, 1.448 individuos de entre 60 y 79 años volvieron a ser examinados.

Se descubrió que de 61 participantes padecían de demencia y 48 fueron diagnosticados con la enfermedad de Alzheimer.

La obesidad, la presión sanguínea diastólica elevada y los niveles altos de colesterol fueron los factores de riesgo que los llevaron a padecer estas enfermedades en los años posteriores.

http://www.infobae.com/notas/nota.php



Saludos afectuosos

Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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domingo, agosto 20, 2006

La rapidez en las dietas de adelgazamiento siempre se paga

A sus 34 años, Montserrat Pañeda es la especialista en dietética y nutrición cuyos éxitos profesionales corren de boca en boca por toda la ciudad. Es la chica que está poniendo fino a Gijón, eliminando los excedentes adiposos valiéndose de un sistema tan racional como efectivo. De principio, enseña a su clientela a comer, y sus lecciones han de ser definitivas. Luego, cada uno procederá en su vida como quiera -fumando, bebiendo, sobrealimentándose...-, pero a sabiendas de que la esbeltez, como la buena salud en general, hay que ganársela con las cuatro verdades que dicta la ciencia, cada una de ellas de sentido común. Esta doctora añade a su sabiduría unas extraordinarias dotes de psicóloga; escucha a sus pacientes, indaga en sus hábitos y gustos, levanta la mano con la precisión de quien acaba de conceder un regalo, e insiste en la razón como inductora de la voluntad. Sus fórmulas, las mismas de los grandes especialistas de la historia de la nutrición, son casi de Perogrullo, «comemos demasiado», «no hay alimentos adelgazantes», «no existen las dietas milagrosas»..., pero sus aplicados no sufren, sino que comen bien, variado y rico.
Montserrat Pañeda Valle nació en Gijón, 1971, aunque buena parte de su infancia y juventud trascurrió en Navia, ya que su padre era directivo de CEASA. Hizo sus primeros estudios en el Colegio de las Dominicas y el Instituto de Navia, y al terminar éstos se planteó la posibilidad de cursar Derecho en la Universidad de Oviedo, aunque acabaría desistiendo debido a la circunstancial masificación de estas aulas. Mayor de tres hermanas, los caminos de todas se han orientado por la salud aunque en diferentes especialidades; Yoli, que comparte con ella la clínica en la plaza del Parchís, es odontóloga, y Begoña, la menor, logopeda. En la actualidad, está casada con el economista mierense Miguel Sarasúa y ambos esperan un hijo para el próximo otoño.
-Bien, entre derecho y dietética no veo nexos...

-No, fue algo casual. Un día tuve noticias de que en la Universidad de Navarra acababan de crear esta diplomatura; era la primera que existía en España, y también la primera promoción. Me gustó la idea. No es que viera grandes obesos a mi alrededor, pero en casa siempre se había regulado la alimentación de un modo sencillo. Recuerdo que para nosotras, las hermanas, un bocadillo de Nocilla era casi una fiesta, y mi madre se cuidaba. Me fui a Pamplona y, pese a que había hecho Bachillerato de letras, con las buenas notas de COU me admitieron. Estuve muy bien en Pamplona.
-Con San Fermín...

-Nunca pude vivir esas fiestas. Los veranos, los meses de junio y julio, los destinábamos a hacer prácticas, y a mí me correspondió efectuarlas en Bilbao y en Gijón. Terminé en 1992, y en 1993 abrí la consulta, primero en la calle Corrida, y al licenciarse mi hermana Yoli decidimos instalarnos juntas en un piso más grande, así que estamos aquí desde 1998. Soy tímida, hubiera preferido trabajar por cuenta ajena, en un hospital, por ejemplo, pero en casa me animaron a independizarme, considerando que en aquellos momentos había muy poca competencia es esta especialidad.
-¿La endocrinología no contempla algo parecido?
-No, su actividad se dirige más a curar ciertas enfermedades. Yo no doy medicamentos. En los hospitales se establece una colaboración mutua; los dietistas trabajan de un modo complementario con el endocrino, es decir, una vez diagnosticada la enfermedad, ellos administran el régimen del paciente. Ese sistema se mantiene aquí porque los endocrinos me envían sus enfermos y del mismo modo, yo, cuando observo una patología asociada, remito el caso a la consulta de aquéllos. De hecho, también recibo muchos pacientes por indicación de los médicos de cabecera, de los fisioterapeutas, de los traumatólogos... Y al revés, cuando la ansiedad incita a comer en exceso, en muchos casos he de apoyarme en el psicólogo o el psiquiatra.
-Bien, colocó usted una placa en la puerta y puso un anuncio en el periódico, ¿recuerda la primera llamada?

-Perfectamente. Era una chica de unos 36 o 37 años. Ella hablaba y hablaba de los miles de dietas que había seguido, y yo, mientras tanto, aterrorizada, aunque no lo reflejé. Sé que escuchar es importantísimo. Sí, conseguí dejarla delgada, y volvió varias veces para seguir el mantenimiento; esto parece algo innecesario, pero el hecho de tener que rendirle cuentas a alguien es importante.
-Trece años después ha logrado un éxito pleno...

-Si miro hacia atrás me parece increíble. Damos citas con un mes de retraso, pese a trabajar todas las horas del mundo, incluso muchos sábados. En el año 97 abrí una consulta en Navia a la que dedico un día a la semana, con una media de 35 clientes.
-¿Quién es su cliente tipo?

-Una mujer entre 30 y 40 años a la que le sobran 10 o 15 kilos. La clientela masculina va en aumento, y la de niños y adolescentes, también. Los hombres cada vez se cuidan más; antes lo hacían por motivos de enfermedad, pero ahora buscan estética y argumentan motivos muy parecidos a las mujeres.
-¿Por dónde empieza una consulta?

-Si el motivo es el deseo de adelgazar, hago muchas preguntas; qué clase de vida lleva el paciente, si suele sufrir estreñimiento, cuáles son sus gustos, qué hábitos tiene en el fin de semana... La palabra total lo estropea todo. Total por una cerveza, total por un pincho, total por un bombón...
-Existe la creencia de que hay personas imposibles de adelgazar, ¿es cierto?

-No, siempre se esconde algo. Hemos de considerar lo que cuentan, y también lo que no cuentan.
-¿Hay más obesidad?

-Hoy se trata como una enfermedad, y sí, ha crecido porque también lo ha hecho la oferta alimenticia y el sedentarismo. Nosotros, de niños jugábamos en la calle y ahora, entre la Playstation, la televisión y el ordenador, un niño apenas se mueve. Y toda la oferta golosa se limitaba a un «tigretón» o una «pantera rosa», y hoy... Se necesita hacer un máster para escoger un yogur, cuando antes había sólo uno. Si comemos más y nos movemos menos... Está bien meter mucho capital en el banco, pero en el cuerpo, no.
-De otro modo, los prototipos de belleza se han reducido, ¿influyen?

-Muchísimo. Parece que hay un acuerdo referente a aumentar una talla en las pasarelas, al menos en Cibeles; era una pena ver aquellas chicas. Es necesario dar otra imagen, porque ésa no es la realidad de la calle, y tampoco es sano.
-¿Se enfrenta a fracasos?

-Mientras no haya en el mercado una pastilla que refuerce la voluntad... He tropezado con muchos reincidentes, y algunos imposibles. Cuando se necesita perder 40 kilos hay que plantearse otras opciones.
-Habla usted de hábitos alimenticios, ¿qué se suele hacer mal?

-No desayunar, por ejemplo, es fatal. Picar, un desastre. Esa costumbre de comer al mediodía algo rápido, y por la noche ponerse morado es lo peor. Hay que hacer cuatro o cinco comidas; si se ha desayunado a las 7 de la madrugada, se necesita ingerir algo a media mañana. La lección es muy simple: desayunar como un rey, comer como un príncipe y cenar como un mendigo. Esto no es nuevo, es de siempre. Y poco plato y mucho zapato, también.
-Se habla del ideal de la dieta mediterránea, ¿es que ha perdido fuerza?

-No, pero lo que no es bueno de ella es el horario. En el resto de Europa no disponen de una dieta tan buena, porque en general exceden en grasas, en hidratos de carbono, en dulces... Tampoco tienen las excelencias del aceite de oliva, pero su horario es más saludable. La dieta mediterránea propicia una incidencia menor de las enfermedades cardiovasculares, pero tampoco es perfecta. En Asia, por ejemplo, en general se sufre menos cáncer, sobre todo en la mujer. ¿Qué se vio en los estudios pertinentes? Mucho consumo de soja, y poca proteína animal, y escasos lácteos. La dieta mejor sería aquella elaborada con lo más conveniente de cada sistema.
-¿Cuando dice mejor se refiere a la línea o a la salud?

-La salud es lo primero. Los orientales comen poco; aquí, desmesuradamente. Es importantísima la variedad, incluso para adelgazar. La monotonía siempre lleva al fracaso. Un filete a la plancha con ensalada acaba con la moral de cualquiera, y si hay poca fuerza de voluntad...
-Veamos un desayuno perfecto para ambos propósitos.

-La idea general sería tomar una fruta o un zumo, además de un lácteo, bien leche, queso fresco o yogur, y un energético, a base de cereales, biscotes, galletas... En poca cantidad, pero nunca suprimiendo nada.
-¿Al mediodía?
-Es importante que el hidrato de carbono esté siempre presente, en forma de arroz, pasta, patata cocida, legumbres... Es lo que nos dará energía. Y luego la proteína, una carne o un pescado. Siempre en plato pequeño, acompañándose de un poco de pan. De postre una fruta o un yogur. Ésta es una idea estupenda y adelgazante. Yo no soy partidaria de las dietas disociadas. La merienda, imprescindible, ha de parecerse al desayuno, pero algo más ligera. Y para cenar, una verdura, un puré, una ensalada, con huevos en revuelto o en tortilla, o un poco de jamón de york. De postre lo contrario del mediodía. Es una alimentación equilibrada y ayuda a perder peso. Debemos pensar que nada engorda ni nada adelgaza, todo depende de las cantidades. No existen alimentos con propiedades adelgazantes.
-Pero sí los hay que son verdaderos tabúes.

-El alcohol, el dulce, las salsas, las grasas saturadas, aunque tampoco hay que eliminarlas por completo. Al final, las obsesiones son peligrosas; el no puedo, el prohibido, acaban conduciendo al atracón.
-¿Quiénes han sido sus maestros?

-Grande Cobián, Mataix, Gregorio Varela... Todos ellos han escrito libros muy asequibles. Como ellos pienso que no hay dietas milagro, y «lo que no engorda es lo que queda en el plato»; era una de las máximas de Grande Cobián.
-¿Se han hecho disparates respecto a las magias adelgazantes?

-Totales. Pastillas que generaron trastornos de tiroides, dietas cuyo efecto desembocó en ansiedad, bulimia o un modo compulsivo de comer. La rapidez siempre se paga. Es imprescindible ponerse en manos de un especialista, y desoír las leyendas populares. Soy partidaria de elaborar menús concretos, así el paciente puede comer de todo de acuerdo con la oferta del mercado. Y la actividad física no puede faltar, ejerciéndola en algo que nos guste, pero relaja y consume energías.
-¿Hay una relación indirecta entre edad y comida?

-Sí, a más años, menor consumo. Lo importante, siempre que no haya enfermedades, es mantener un horario, no saltarse nunca una comida, no picar entre horas, y, por supuesto, olvidarnos de rociarlo todo con mayonesa o kepchup. En este sentido he enseñado a muchas madres cómo deben comer sus hijos.



Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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jueves, agosto 17, 2006

Riesgos para la tensión y los que sufren de tiroides

«Un 90% de la gente que compra productos adelgazantes lo hace sin consultar a su médico», declara uno de los farmacéuticos.

A pesar de que las farmacias pueden vender productos naturales cuando los clientes acuden sin receta médica, existen casos en los que las personas con problemas de salud deben ir con cuidado a la hora de tomar este tipo de productos: «Los sujetos que padecen de tiroides tienen que ir con precaución con el fucus y los que tienen la tensión alta deben tener cuidado con la cafeína y el té verde». Las personas que sufren algún problema de salud deberán consultarlo con su médico previamente, pero el resto de los clientes «podrán mezclar incluso diferentes tipos de productos naturales sin ningún problema».

De todas formas, los especialistas aconsejan seguir una dieta saludable y acompañarla de deporte en todos los casos, porque aunque estos productos funcionan sus efectos sólo resultan perceptibles cuando se acompañan con alguna de estas prácticas.



Enviado por Dr. José Manuel Ferrer Guerra

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domingo, agosto 13, 2006

El IMC no es indicativo de riesgo de mortalidad en mayores de 75 años

El índice de masa corporal elevado no es indicativo de riesgo de mortalidad en mayores de 75 años

Los autores de un estudio afirman que los hombres ancianos con un IMC menor que 18,5 son los que mayor riesgo de mortalidad presentan.


Londres (Reino Unido), 13 agosto 2006 (mpg/azprensa.com)

Una mayor proporción entre cintura y cadera en personas mayores indica un mayor riesgo de mortalidad que aquellos que poseen un índice de masa corporal (IMC) elevado. Así concluye un estudio de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, que apunta a que las actuales guías médicas sobreponderan el sobrepeso en mayores de 75 años, sin tener en cuenta las posibles repercusiones de un IMC reducido.

Publicadas en la revista American Journal of Clinical Nutrition, las conclusiones de esta investigación han partido del estudio a 14.833 pacientes mayores de 75 años y procedentes de 53 consultas de Medicina Familiar de Reino Unido. Se registraron sus medidas corporales y se les efectuó un chequeo médico y seguimiento hasta su fallecimiento.

Los datos pusieron de relieve que las actuales categorías de riesgo basadas en el índice de masa corporal que establecen las guías médicas sobrevaloran los riesgos del exceso de peso en las personas ancianas, y no se adecuan a los hombres y mujeres de más edad.

Así, según las conclusiones extraídas, las personas que poseen un IMC menor a 23 en hombres, y a 22,3 en mujeres poseen el mayor riesgo de mortalidad de todo tipo. Los hombres con un IMC muy bajo, inferior a 18,5, eran los que se encontraban bajo el mayor riesgo.

Los investigadores explicaron que la ausencia de una asociación positiva entre IMC y mortalidad entre las personas mayores se debe a que en este grupo de edad, este índice es una medida deficiente de la grasa corporal; y dijeron que la medida del peso no diferencia entre la grasa y la masa libre de grasa, y esta última disminuye con el envejecimiento.

http://www.azprensa.com

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lunes, agosto 07, 2006

¿Sigues engordando? Cuidado con estrés

Sabías que el estrés puede causar sobrepeso, esto porque durante la tensión nerviosa el cuerpo libera una hormona llamada hidrocortisona.

Es desconcertante: a pesar de que no para de moverse, vive en un continuo ajetreo y no ha probado una verdadera comida en meses, gana peso como si se atiborrara de platos y no moviera un músculo. La tensión nerviosa crónica le hace engordar aunque no coma en exceso ni deje de ejercitarse. La presión constante se nota en la balanza: desactívela.

Cuando se atraviesan épocas de estrés, el cuerpo libera una hormona denominada hidrocortisona, que favorece que la grasa corporal se acumule en la zona central de la anatomía.

Así lo sugiere un estudio publicado en la revista “Medicina Psicosomática”, en el cual se explica que las mujeres con grasa abdominal se sienten más amenazadas por las tareas estresantes, las desempeñan peor y segregan sistemáticamente más hidrocortisona, en comparación con otras que no tienen acumulaciones de grasa en esa zona del cuerpo.

Las mujeres con grasa abdominal también se describen a sí mismas con "más estados de ánimo negativos y niveles más elevados de estrés vital", ha señalado la psicóloga Elissa S. Epel, que ha dirigido el estudio de la Universidad Yale, en EU.

Según la experta, “una mayor exposición al estrés vital o una vulnerabilidad psicológica al estrés puede explicar el aumento de reactividad de la hidrocortisona. A su vez, la exposición a la hidrocortisona puede llevar a acumular más grasa abdominal".

La hidrocortisona no es la única hormona relacionada con el estrés crónico y el sobrepeso. También repercuten en la balanza el cortisol, la adrenalina y la norepinefrina: tres hormonas que se liberan en el organismo para estimularlo y prepararlo física y mentalmente para el esfuerzo adicional de luchar o huir ante una amenaza, un conflicto, una pérdida u otras situaciones de estrés.


Las hormonas regordetas

Estos compuestos nos estimulan a través de distintos mecanismos a entrar en acción, al movilizar desde las reservas corporales, las grasas y la glucosa que necesitamos para obtener energía, aumentar el bombeo cardíaco, activar las células musculares y enviar más sangre al cerebro, corazón y músculos.

Son las hormonas que necesitamos para disponer de una energía extra y afrontar una situación de emergencia, como la muerte de un ser querido, un robo, un accidente o una fuerte discusión laboral. Sin ellas no tendríamos capacidad de reacción ni fuerzas para responder a los retos de la existencia.

Pero si el cortisol, la adrenalina y la norepinefrina están presentes de continuo en el organismo porque la tensión nerviosa es crónica, prolongándose durante días, semanas o incluso meses o de por vida, o su nivel se mantiene alto durante mucho tiempo, pueden hacer estragos en la salud, el bienestar y la silueta.

Según los expertos, el estrés engorda porque induce a las glándulas suprarrenales a secretar más cortisol, para que el cuerpo se prepare para una emergencia, lo cual incluye almacenar grasas en el peor lugar posible: el vientre.

Además, después de haber movilizado las reservas de energía – las grasas y el azúcar sanguíneo- aumenta el apetito para obtener más combustible para los músculos, lo más rápidamente posible, y hace que el cuerpo produzca más insulina, la cual induce una mayor acumulación de grasa y vuelve al organismo más sensible a la lipasa: una enzima que ayuda a producir más grasas.

Asimismo, la tensión nerviosa impulsa a comer y ansiar más grasas, y a ingerir cualquier cosa que se tenga a mano, además de estimular los comportamientos orales, como fumar, morderse las uñas, comer bizcochos de chocolate o beber alcohol.

Un consejo dietético para las épocas estresantes consiste en
ingerir más naranjas y otras frutas y verduras ricas en vitamina C, como las fresas, el kiwi, las coles, el melón o el pomelo, ya que la tensión nerviosa reduce los niveles de este antioxidante que previene la baja inmunológica y el envejecimiento de las células.


Bajar la tensión, para peder kilos

Ingerir alimentos saludables y escoger tentempiés equilibrados no sólo beneficia la salud, sino también la psique, porque saber que se sigue una dieta correcta y se satisfacen las necesidades nutritivas, refuerza la sensación de control, lo cual le hará sentirse menos amenazada en las situaciones estresantes.

Además, es aconsejable tomar un desayuno que suministre la energía y calorías suficientes para resistir hasta el almuerzo, y esperar en vez de darse un atracón al dispararse los nervios: ¿Desea una buena dosis de dulce cuando se aproxima el plazo de entrega de un trabajo? Espere 10 minutos, tome un té sin cafeína, haga una pausa o distráigase, la necesidad de comer pasará.

Para el psicopedagogo Bernabé Tierno, "el estrés es una respuesta de ansiedad cuando tenemos que hacer frente a unas demandas del medio que nos resultan excesivas y no creemos poder superar con nuestras capacidades".

"Para resolver problemas se necesita una sencilla planificación en la que es esencial reflexionar sobre la dificultad y analizar las demandas y nuestra capacidad: aunque no hace falta planificarlo todo ni escribirlo, es necesario diseñar un plan de acción, para acercarte a la solución que deseas", señala el experto.

Para Bernabé Tierno, "saber relacionarse con los demás y comunicarse de forma adecuada es otra herramienta esencial anti-estrés: en la mayoría de nuestras preocupaciones hay implicadas, directa o indirectamente, otras personas; acercarnos a ellas nos permitirá resolver muchas de las dificultades que nos estresan".

“La mujer es más propensa al estrés porque suele estar desbordada por la acumulación de tareas en su casa, familia y trabajo: debe reemplazar la idea de hacerlo todo y mejor que nadie, por la de delegar, compartir y vivir el presente sin cargarse de cosas. Hay que aprender a priorizar ciertas cosas, a distinguir entre lo que es importante para ti y lo que no".

El psicólogo aconseja ser un poco flexible: “está claro que no pueden cambiar algunos horarios, pero a lo mejor uno se pone demasiadas exigencias; hay tiempo para todo si parte de una buena organización y cuentas con los demás".

"Aceptar los pequeños e imprevisibles sucesos diarios con calma y no darle más importancia de la que tienen a algunos sucesos, también ayuda a ahuyentar el estrés, y de paso, el sobrepeso”.

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